Alberto Cormillot: “La obesidad es una epidemia que debe abordar el Estado”

Publicado por: 17/01/2018 0 comments 166 views

El reconocido especialista participó en Santa Fe del Séptimo Congreso de Alimentos Siglo XXI y de una reunión de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición. En su disertación, se refirió a las enfermedades crónicas no transmisibles y a la forma de tratarlas.

Sergio Ferrer

El doctor Alberto Julio Cormillot, especialista en nutrición y obesidad, participó en Santa Fe de la Cuadragésima Reunión del Capítulo Argentino de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición (CASLAN) y del Séptimo Congreso de Alimentos Siglo XXI.

En la ocasión, el  profesional brindó la disertación titulada “Enfermedades crónicas no transmisibles, nutrición y salud; actualización sobre la obesidad en Argentina”, en la que planteó, entre otras cosas, las diferentes formas de abordar esta última problemática, a la que definió como “epidemia social”.

Cormillot aclaró que su presencia en Santa Fe respondió, principalmente, a la necesidad de hablar del impacto que tiene la alimentación en las personas y sobre lo que viene pasando con la obesidad en los últimos años en nuestro país. Es decir, “la posibilidad de reflexionar sobre los motivos del avance de la obesidad como epidemia social; cuáles son sus causas y consecuencias; qué es lo que se podría hacer en el plano individual y lo que se puede realizar en el nivel estatal”. “Al ser una epidemia, debe abordarla el Estado”, enfatizó luego. “Si no la maneja el Estado, no lo puede hacer nadie, porque no hay salvación individual… es decir, puede haberla, pero es algo mucho más complicado”, agregó Cormillot, sin dejar de remarcar que las epidemias siempre van a implicar un esfuerzo o trabajo a escala superior.

Epidemias sociales

En otro pasaje de la entrevista, Cormillot recordó que la obesidad, como el tabaquismo, “al ser epidemias sociales, deben ser combatidas con medios sociales”. Y en el caso de la obesidad, esos medios sociales tienen que ver con “la necesidad de modificar el ambiente obesogénico”. Este último, dijo, es el contexto existente en estos momentos, “en los que se propicia y promueve la elección de las comidas y bebidas más ricas en calorías”. Esta clase de alimentos, remarcó, están fácilmente al alcance del consumidor; son más prácticos, baratos y accesibles.

A continuación, cuando se le preguntó si puede enfrentarse con posibilidades de éxito a un enemigo tan fuerte, la industria alimenticia, que influye hasta agresivamente sobre los hábitos de las personas con toda su parafernalia publicitaria, dijo: “La particularidad del asunto es ver si a la industria que genera esos alimentos se la ve como un enemigo o como parte de la solución. En mi impresión, ellos (la industria) tienen que ser parte de la solución porque uno puede cambiar los productos más saludables si la industria colabora en el armado de productos más saludables. Pero no puede dejarse a la industria sola… las experiencias de autoregulación que hemos tenido, por lo general no han sido buenas”.

Sobre las multinacionales y sus campañas “agresivas” para llegarle a la gente con esos productos, agregó: “Si el Estado hace esfuerzos coordinadamente a favor de una política de alimentación en la que participen los áreas de Salud, Agroindustria y Economía; las universidades y las sociedades científicas; las organizaciones sin fines de lucro y los consumidores, entonces se armaría una política que avance en los distintos frentes en los que hay que mejorar, Para facilitar que la gente coma más sano”. Uno de esos frentes, destacó, son las escuelas, en las que tendría que haber educación alimentaria y donde los chicos deberían recibir una mejor alimentación.

“Si la industria fue parte del problema, debe ser parte de la solución”, añadió Cormillot. Y después dio como ejemplo a la industria del automóvil: “Ella fue la que generó los accidentes, pero también tuvo que ser parte de la solución, inventando mejores frenos, cinturones de seguridad apropiados, bolsas inflables y un sistema de conducción superior. A su vez, el Estado se encargó de regular el tránsito”. “Al Estado le tocó encargarse de decir: señor, su auto puede alcanzar los 200 kilómetros por hora, pero usted no puede transitar a esa velocidad por acá, tiene que ir a 40”, concluyó.