“Aumentaron las consultas por cuadros de estrés y angustia”

Publicado por: 15/11/2018 0 comments 37 views

En tiempos de emergencia socio-económica, la preocupación y la incertidumbre son los factores psicológicos que más impactan en las personas. El psiquiatra José Domínguez, presidente de la Asociación de Psiquiatras local, brindó una entrevista y señaló que el miedo más latente de hoy es perder el trabajo.

Luciano Andreychuk

Que la plata no alcanza para llegar a final de mes, que aumentaron las tarifas, que el dólar por las nubes, que la inflación atacando las góndolas, que los despidos masivos. La “realidad” —ese concepto abstracto sobre el cual la ciudadanía se para inevitablemente a diario— siempre dependerá de quien la cuente y la construya; pero en los hechos y dichos de los propios dirigentes que gobiernan los destinos de la nación, la Argentina está en “crisis y emergencia”.

La idea de crisis, aunque parezca materia exclusiva de los economistas, de la clase política y de los formadores de opinión pública, se instala inexorablemente en los imaginarios subjetivos de la ciudadanía. Afecta la psiquis (todos los procesos y fenómenos que hacen la mente), puede hacer tambalear los estantes organizados de la vida cotidiana de las personas, atar de pies y manos, impedir tomar decisiones al mediano plazo.

“La actual crisis afecta y mucho. Se ve en el día a día en el consultorio. Hay pacientes que vienen a consulta con síntomas tales como Angustia, incertidumbre y preocupación”, cuenta José Domínguez, médico psiquiatra (MP N° 4882), presidente de la Asociación de Psiquiatras de Santa Fe y miembro del Capítulo de Trastornos de Ansiedad de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA).

El miedo a perder la fuente laboral

“Hubo mayor cantidad de pedidos de turnos en este último tiempo. Y lo que más se detecta en consultorio son trastornos de ansiedad (se entiende por estrés a toda situación de tensión emocional puede estar acompañada de cambios bioquímicos, fisiológicos y conductuales en el paciente) y trastornos del estado de ánimo, básicamente depresión”, explica Domínguez. Los picos de máxima incidencia se dan en la franja etaria de entre 30 y 50 años (es decir, la población económicamente activa).

“Cuando indagamos sobre las causas de ese estrés, la situación económica y la falta de trabajo (o el miedo de perderlo) siempre están en el N° 1 del ránking de los factores estresantes, aún por encima de la inseguridad”, advierte el médico psiquiatra. Claro que los motivos de consulta son múltiples: “Hay pacientes que vienen por problemas personales, de pareja, etc. Pero lo que notamos ahora es que vienen personas que fueron víctimas de un despido, por ejemplo. En otros, se detecta un alto grado de preocupación por miedo a que les pase, a que pierdan su fuente laboral”.

Muchas veces esa preocupación es un síntoma de alarma, y detrás vienen otras sintomatologías que no son exclusivamente emocionales. “También hay síntomas cognitivos (del pensamiento) que pueden manifestarse, como desconcentración, fallas en la memoria y hasta falta de voluntad: la persona pierde el interés por aquello que le hace bien, por cosas que le gusta hacer”, agrega Domínguez.

Consultado sobre qué pasa con las relaciones sociales y si la situación de crisis afecta los tratos laborales, familiares, amistosos o sentimentales, el especialista respondió que “sí afecta”. Y argumentó: “afecta porque la crisis es el disparador inicial, el gatillo desencadenante. Claro que no todas las personas manifiestan los mismos síntomas ni desarrollan los mismos cuadros. A partir de la crisis, la persona puede manifestar un cuadro de trastorno de ansiedad o de depresión. Y estos trastornos alteran (trastornan, en efecto) la calidad de vida. Hasta cierto límite, la ansiedad es una emoción normal: toda la gente se pone ansiosa ante una determinada situación de riesgo, por caso. Pasado un límite (el ‘umbral de tolerancia’), se puede llegar a la llamada ansiedad patológica. Si se pasa ese límite se trastoca la calidad de vida, y ahí entran en juego la familia, el trabajo y las relaciones sociales. Todas estas relaciones interpersonales estarán afectadas como consecuencia de niveles estresantes muy altos”.

Los miedos, los medios y los “fantasmas”

“La suba del dólar, la inflación, despidos en empresas e industrias, las tomas de la facultades públicas… A la gente le vino todo de golpe en poco tiempo. Y ese ‘combo’ de situaciones angustia y estresa. Y el estrés, cuando se hace crónico, es prácticamente sinónimo de depresión”, subraya Domínguez.

Los medios de comunicación, ¿potencian o no el malestar de época? ¿Agravan la preocupación y la incertidumbre? Para Domínguez, “lamentablemente predomina la prensa ‘amarillista’ que no contribuye al bienestar psíquico”. Lo mismo para las redes sociales, que muchas veces confunden más que aclarar contextos sobre un determinado tema de actualidad, desliza.

Y el “fantasma” de 2001, año en que se produjo el último estallido político y social del país, “está latente en las consultas de los pacientes. La gente nos comenta ese miedo y tiene terror, sobre todo los que vivieron esa semejante situación tan traumática”, dice el psiquiatra.

¿Y qué hacer en el mientras tanto en este contexto de crisis? “No hay recetas. Mantener la calma, que es lo correcto en estos casos, aunque es fácil decirlo y difícil que el paciente lo logre. Lo mínimamente recomendable es distraerse un poco. Hacer actividades complementarias, como salir a caminar, leer un buen libro, hacer vida sana, buenos hábitos y vida social. Esto último también es importante: volver a hacerse el tiempo para tomar un café con los amigos en un bar”, sugiere Domínguez.

 

“Dale a tu cerebro la única misión de vivir el hoy”

Mónica Ritacca (*)

Tengo 35 años y tengo Trastorno de Ansiedad Generalizada. El diagnóstico fue hace más de un año, en el mes de julio. No me olvido más. Fueron los meses más duros de mi vida, y un antes y después en ella.
Lo cuento porque ya no me da vergüenza. Aprendí que no tengo por qué ocultarlo, que lo que me pasa a mi puede estar pasándole a un montón de jóvenes como yo y es bueno buscar ayuda.
¿Cómo llegué a ésto? Esa pregunta me la hago todos lo días, y sigo sin encontrar respuestas. Mi psicóloga y mi psiquiatra me explicaron que soy una persona muy exigente conmigo misma y que me proyecto demasiado en el futuro, que no vivo el hoy.
Y es verdad. Trabajo y soy madre de tres hijos. Eso significa que cuando no estoy pensando en las actividades laborales que me quedaron pendientes “para mañana” en mi trabajo, estoy revisando que a ninguno de mis hijos le falte nada para “mañana en la escuela” o programando mi agenda “de los próximos días”.
Tener Trastorno de Ansiedad Generalizada es un horror. Y ninguna persona que no lo padezca lo va a entender, por lo que no voy a explayarme demasiado en eso. Los síntomas varían y son muchísimos. Lo que si quiero decir es que cuando tenés TAG el miedo se apodera de vos, en cualquier momento del día y por cualquier factor desencadenante. Y eso paraliza, hace que prefieras quedarte en tu casa en vez de salir a una reunión con amigos, por ejemplo.
De Julio de 2017 a esta parte, cambié cosas. Dedico más tiempo para mí y aprendí a reconocer situaciones que me producen ansiedad y así poder evadirlas. De todas formas, esto es un proceso y muchas veces me vienen crisis de ansiedad.
Para terminar, quiero decir que yo era una de las tantas personas que descreía de la enfermedad, que pensaba que no podía ser tan tremenda como la describían. Y al vivirla comprendí que sí. Por eso, escuchá tu cuerpo que te da señales. No esperes a tocar fondo. Decí basta cuando ya no des más y dale a tu cerebro la única misión de vivir el hoy.

(*) periodista.