infancia

20/01/2021 0 comments 106 views

La educación en las buenas costumbres no debería ser puesta en tela de juicio y, mucho menos, considerada de anticuario. No cabe duda alguna respecto a que, en muchos sentidos, «lo pasado fue mejor».

Psp. Ma. Alejandra Canavesio (*)

«Desde hace bastante vengo preguntándome qué ha sucedido con los parámetros de la normalidad y por qué, de un tiempo a esta parte, ‘hacer las cosas bien’ se cataloga como algo que ‘no va más’ y está pasado de moda.

Conozco padres que viven plegados a la modernidad y que, aún siendo conscientes de las dificultades de sus hijos, sostienen que hay que vivir la vida de acuerdo a ‘lo de ahora’ y no a ‘lo de antes’, porque hay que amoldarse a las épocas…, pero también sé de papás que reniegan intensamente de esto y que, aún a riesgo de formar hijos ‘diferentes’, defienden sus posiciones y bregan por valores y modos de vida sanamente formadores.

Desde mi propio criterio, es precisamente a estas últimas familias a las que hay que apostar, si de procurar un buen futuro se trata».

Computadora, tablet, play, celular, chat, videojuegos, redes sociales… y, como consecuencias: hiperactividad, urgencia, desasosiego, confusión, descontento, competitividad, consumismo, ansiedad, búsqueda de gratificación inmediata, intolerancia a la frustración, caprichos, berrinches, exposición, búsqueda de protagonismo, lenguaje procaz, erotización temprana, dificultad para gestionar las emociones, desinterés en el otro y desconexión afectiva.

Así vive la mayoría de los niños y adolescentes hoy: de una cosa a la otra, casi sin pausa, a las corridas, sin responsabilidad alguna, hiperexponiendo su mundo privado, descomprometidamente… ¿Yendo hacia dónde? ¿Para construir qué? ¿Sobre qué cimientos?…

Lo serio en todo esto es, también, que desde la óptica de quienes llevan esta clase de vida aquel que vive de otro modo es un tonto, pertenece a una familia que «se quedó en la prehistoria» y, por tanto, acaba siendo desmerecido, desvalorado y discriminado.

El paso del tiempo y la sucesión de las épocas (generalmente notables por alguna circunstancia), en la actualidad ha anclado en la involución que implican los desvalores y la deshumanización. En vez de jugar al aire libre, escuchar música infanto-juvenil y leer libros de cuentos y novelas, niños y adolescentes se entrenan a diario en el uso de armas para matar por obtener premios; en interactuar con desconocidos que toman por amigos; en grabarse en videos sexualizados, personales e íntimos, que hacen públicos; en hacer «como si» tuvieran más edad que la que tienen; en armar y desarmar relaciones, casi en un chasquear de dedos; en planificar formas de venganza contra la fulanita que le quitó el novio a la mejor amiga; en burlarse de aquellos que tienen alguna dificultad; en oponerse y desafiar a las figuras adultas; en hacer malabares a la hora de encontrar estrategias para zafar de la realización de cualquier cosa que implique tiempo y esfuerzo; en pretender que otros se hagan cargo de lo que a ellos corresponde, etc. Un verdadero dechado de defectos de los que, encima, más de un adulto se siente «orgulloso». Porque no intervienen para detenerlos y, al permitirlo, lo validan.

La educación en las buenas costumbres y el deseo de que los hijos crezcan y se desarrollen saludablemente no deberían ser puestos en tela de juicio y, mucho menos, desmerecidos como cosas de anticuario. Al contrario. Todas las antigüedades encierran un valor y, si de comportamientos se trata, no cabe duda alguna respecto a que, en muchos sentidos, «lo pasado fue mejor».

Si hilamos fino, el ser humano en sí es antiguo, porque existe desde hace mucho tiempo, y su tendencia a modernizarse es lo que conduce hoy a la habitualidad de perseguir la consecución de cosas en vez de procurar logros de esos que, por no tangibles, son los que lo harían más humano.

Empecemos por pensar qué es lo que queremos para nosotros mismos de aquí a unos años y démonos cuenta, entonces, de cómo debemos proceder con los niños y adolescentes hoy… para conseguir justamente eso mañana.

(*) Psicopedagoga. M.P. Nº 279. L.I.F 8

16/12/2020 0 comments 92 views

La oferta de juguetes en el mercado es tan grande y variada que es muy difícil decidirse por el más adecuado o el mejor. Tener en cuenta la edad del niño es fundamental en la elección final.

Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, decía que «cuando los niños juegan se comportan como poetas» porque crean su propio mundo. Dicho de otro modo: reordenan las cosas ya existentes en una forma que les agrada y les divierte. Esta descripción de Freud acerca de una de las actividades más naturales e inherentes de la etapa de la infancia aporta de entrada uno de los beneficios del juego: es una de las fuentes más ricas de creatividad.

La Navidad es un momento del año donde los chicos suelen recibir muchos juguetes. Este 2020 es más que especial porque estamos atravesando una pandemia, por lo que cada familia resolverá la forma de celebrarla en base a las indicaciones de las autoridades sanitarias.

El propósito de esta nota es brindar algunas pautas a la hora de escoger un regalo para los chicos, ya que en esa elección es fundamental tener presente las edades. A continuación, una serie de opciones que pueden tenerse en cuenta.

De 0 a 6 meses. Los bebés necesitan juguetes que le ayuden a descubrir su cuerpo y a distinguir diferentes texturas, formas y colores. Los sonajeros, cuneros, muñecos de goma, pelotas de tela y mordillos son una buena elección. De cualquier manera, durante los primeros meses lo más importante es la cercanía corporal con mamá, papá y familiares.

De 7 a 12 meses. Es entre esos meses que el bebé empieza a explorar objetos y a reconocer voces. El piso es un gran aliado, sobre todo en esta época del año. Se sugieren para esta edad los pisos de goma eva, formas blandas para apilar, libritos de tela, emboques y ensartados blandos, cubos con actividades y muñecos de apego.

De 13 a 18 meses. Los niños a esta edad ya saben andar y reconocen las propiedades de los objetos. Los cubos para encajar y apilar son geniales. Es una etapa donde, además, comienzan a dar los primeros pasos, por lo que también se pueden regalar caminadores. No puede faltar el prono o laberintos de alambre, pelotas para empujar, atrapar y patear; los juegos de descarga; y el clásico pata-pata.

De 19 a 24 meses. El niño habla y comprende, empieza a descubrir su entorno. Cochecitos, bicicletas con rueditas, pizarras, pinturas, instrumentos musicales, muñecas y animalitos para que armen su propia granja son buenas elecciones para este rango de edades.

De 2 a 3 años. Empiezan a sentir curiosidad por los nombres e imitan escenas familiares. Se sugieren regalar triciclos, palas, cubos, rompecabezas, pinturas, teléfonos y muñecas.

Los juegos empiezan a tener un poco más de complejidad. Nombran, de a poco, todo lo que los rodea. Por ello, los juegos con imágenes que estimulan la jerga y las palabras son bienvenidos. Libros con hojas gruesas y fáciles de manipular. Encastres de formas simples, y juegos que propicien el reconocimiento de las formas geométricas básicas y los colores. Los enhebrados entran en acción.

De 3 a 5 años. A los 3 ya entusiasman los rompecabezas y la posibilidad de resolver pequeños problemas de correspondencia, seriación y clasificación. El juego de roles sube al escenario: jugar a la mamá, al cocinero, al héroe… hacer «como si» y la imitación permanente despiertan el interés por delantales, tutús, capas…

Entre esas edades, además, el niño empieza a preguntar, a aprender canciones y a jugar con sus amigos/as. Pueden aceptar reglas y acordar pautas para disfrutar de juegos de mesa simples tales como memotests y dominó.

De 6 a 8 años. El niño sabe sumar y restar, leer y escribir. ¡Monopatines, juegos manuales, de preguntas y de experimentos les van a encantar!

De 9 a 11 años. Accesorios deportivos, juegos de estrategia y reflexión, audiovisuales, electrónicos y experimentos son ideales para niños de esta edad.

Más de 12 años. Poco a poco desaparecen las ganas de jugar y van construyendo su propia identidad. Libros, música y vídeos-juegos son buenas opciones para quienes atraviesan esta edad, que antecede a la adolescencia.

Algunos consejos a la hora de elegir un juguete

1. El juguete debe ser seguro. Debe estar confeccionado con materiales que no sean tóxicos.

2. Cuanto más pequeño es el niño/a más grandes deben ser los juguetes.

3. Debemos comprarlos adecuados a su edad pensando, siempre, en la finalidad y actitudes que desarrollan en nuestros hijos.

4. Tengamos en cuenta su personalidad: un niño/a retraído necesitará juegos socializadores (varios jugadores); a un niño/a hiperactivo/a le resultarán adecuados juegos de atención.

03/12/2020 0 comments 111 views

Los cotidiáfonos son instrumentos musicales caseros. Este tiempo de pandemia es un buen momento para fabricarlos, ya que además del resultado final, que le brindará al niño la posibilidad de tocar música, pondrá en ejercicio su creatividad y capacidad inventiva.

Prof. Melina Bruera (*)

El hombre creó música para comunicar sus sentimientos y, desde tiempos muy lejanos, ésta nos anima, nos acompaña y nos emociona. Podemos crear música cantando, o haciendo sonar desde el instrumento más sencillo hasta el más complejo. Algunos instrumentos se soplan, otros se golpean o se frotan y todos, ¡nos llenan de alegres melodías!

La novedad es que podemos realizar instrumentos musicales con objetos que tenemos en casa, en desuso y desechamos (latas, cajas, potes, botellas plásticas, tapas de gaseosas, hilos, cintas, tetrabriks, chapas, cajitas de plástico duro, tubos de PVC, caño corrugado, envases de yogur…etc.)

Dichos materiales serán reciclados pasando a formar parte de un nuevo instrumento musical. Una forma muy interesante de reciclar, reutilizar, cuidar el medio ambiente y hacer música también.

Estos instrumentos caseros tienen un nombre: COTIDIÁFONOS y esta palabra tiene un significado. La palabra Cotidiáfono la creó la profesora de música, pianista y especialista en didáctica musical argentina, Judith Akoschky. Unió dos vocablos: por un lado «cotidiá» , que se refiere a cotidiano y por otro lado «fono» que significa sonido. Dando como resultado «sonidos producidos con cosas u objetos cotidianos».

SIMPLES Y COMPUESTOS

Existen dos tipos de cotidiáfonos:

Simples: son aquellos instrumentos sonoros que ya están fabricados como las bolsas de plástico (para realizar el sonido de la lluvia), placas de radiografía (al moverlas asemejan el sonido de un trueno), llaves (simulan un sonido mágico), entre otros.

Compuestos: son aquellos instrumentos sonoros que requieren de herramientas para su fabricación o construcción (tambor chino, maracas, pellizcón, sonajas, marañuelas, xilofón de agua, doble bongó, minicítara, trompeta manguera, arpa botella, palo de lluvia, panderetas, etcétera)

En estos momentos de pandemia en que los chicos están más tiempo en casa, la exploración y/o construcción de estos instrumentos caseros puede ser una alternativa para despertar en ellos la creatividad y la imaginación. También una alternativa para que aprendan a reciclar, a trabajar con hermanos o con la ayuda de un adulto y compartir así un momento de conexión familiar. Sobre todo, el niño va a explorar y descubrir en la música nuevas sensaciones y formas de expresarse ya que es indudable la fascinación que los sonidos ejercen en los niños. Además, los niños tienden a fabricar por naturaleza instrumentos.

Todo esto se relaciona con la capacidad creadora infantil, la necesidad biológica de acción e interacción. El hecho de tocar instrumentos permite exteriorizar sus sensaciones y emociones, además los involucra en el sentido social de compartir, ser una parte que integrará un todo armónico (una pequeña orquesta o banda con amigos o familia).

Si observamos al niño cuando juega, imaginando y dramatizando situaciones, creando personajes o inventando historias, comprobaremos que muchas veces se acompaña de sonidos. Si de todo esto aislamos el sonido a través de un proceso que atienda a sus posibilidades, enriqueceremos sus recursos de manifestación sonora con su voz, su cuerpo, o con todo tipo de materiales. En la práctica con niños pequeños, las actividades con el sonido como soporte de hechos cotidianos, despiertan gran interés y entusiasmo, ya que, al producir un sonido, el niño crea asociaciones con hechos reales y a su vez capta la imagen de ese hecho real que tiene. Las reacciones provocadas por este sonido son respuestas emocionales motivadas tanto por sus cualidades reales como por el procedimiento asociativo utilizado.

Entre las ventajas de la construcción de los cotidiáfonos puedo afirmar que ayudan a mejorar la atención de los niños y su autoestima, así como la imaginación de éstos a la hora de elaborarlos y el trabajo en equipo al realizarlo con amigos /compañeros / hermanos o con adultos/ docentes/ familiares.

La educación musical a través de diversos instrumentos musicales caseros permitirá al niño explorar el mundo de los sonidos y expresar con espontaneidad sus propias ideas musicales. ¡Vos en casa podés ayudar a tu hijo a crear sus propios instrumentos! Te invito a hacerlo.

(*) Docente de música.

En la práctica con niños pequeños, las actividades con el sonido como soporte de hechos cotidianos, despiertan gran interés y entusiasmo, ya que, al producir un sonido, el niño crea asociaciones con hechos reales y a su vez capta la imagen de ese hecho real que tiene.

25/11/2020 0 comments 136 views

Desde muy temprana edad, los chicos manejan celulares, controles remoto, etcétera. Pero cuidado, que eso tiene consecuencias en la motricidad fina. Menos tecnología y más manos para crear.

Psp. Ma. Alejandra Canavesio (*)

«- ¡Es que no pueeeeedoooooo!- se exasperó Joaquín cuando, por tercera vez consecutiva, las cartas que intentaba acomodar en su mano se le cayeron al piso- ¿Por qué no me sale como a vos?…


De pronto, Agostina revoleó al aire la bandita de toalla con que pretendía atarse el final de una trenza.

-Ahhhhhhhhhhhh- protestó, apretando las mandíbulas mientras me mostraba los dientes- ¡esta gomita es una porquería; no sirve para nadaaaaaaa!…


Cada vez que procuraba sacar un palito, el montón acababa desmoronándose ante la mirada furiosa de Samuel.

  • ¡Oooooooodio los palitos chinos! Este juego es lo peor que han inventado.

  • Es que la seño dice que no me entiende…- se quejó Vanesa.
  • ¿Qué es lo que no te entiende?- le pregunté.
  • ¡La letra!- casi gritó- ¿No ves que es horrible? Ni yo entiendo lo que escribo.
  • Y si vos misma no la entendés, ¿por qué te molesta que ella te diga que tampoco la entiende?

Vanesa se encogió de hombros, refunfuñó y, acto seguido, hizo un bollo el papel en que acababa de escribir algo y lo encestó en el tacho de basura.

  • Listo: ahora ya nadie va a verlo…»

Desde muy pequeños los niños manejan controles remotos, teclados, celulares y tablets, usando solamente pulgares e índices para presionar botones o rozar pantallas, y están convirtiéndose en pequeños geniecitos de la electrónica… pero a costa de un impacto severo en la motricidad fina.

Los recién nacidos pueden mover brazos y manos, pero son actos reflejos porque el cuerpo aún no controla conscientemente sus movimientos. El desarrollo de la motricidad fina (manos y dedos) es decisivo para la habilidad de exploración, experimentación y aprendizaje sobre el entorno; es progresivo y fundamental para la adquisición de la lectoescritura. Manejar pantallas usando sólo el índice inhibe la utilización de los tres dedos de la mano esenciales para poder escribir.

Antes de permitir a los niños el acceso a la tecnología, es imprescindible posibilitarles el uso de objetos y juguetes para manipular a fin de que ejerciten manos y dedos para las prensiones y agarres, facilitándoles las acciones de precisión, firmeza y coordinación, así que… aparatos a un costado y… ¡manos a la obra!

(*) Psicopedagoga. M.P. N° 279.L.I.F. 8.

30/10/2020 0 comments 244 views

Hay muchos estudios que demuestran la importancia de la música como ayuda en el crecimiento intelectual de los más pequeños, siendo el estímulo humano que más partes del cerebro activa.

Prof. Melina Bruera (*)

Este mes de octubre celebramos el día de la madre y quiero, en este espacio, destacar el hermoso don que tiene una madre: dar vida. Y en este dar vida, la madre se conecta con su bebé a través del sonido y la música. A los tres meses de gestación el oído humano ya está formado. Por ello, los sonidos que escuchan los bebés en el vientre materno, desde la voz de los padres hasta los ruidos de fondo, se convierten en sus primeras interacciones con el mundo.

La música, especialmente, genera una sensación de estar acompañados, que puede ayudar a calmar a los bebés. La música es indispensable en nuestras vidas. Prácticamente estamos rodeados por melodías y canciones gran parte del día y sin darnos cuenta.

La música es un medio de expresión y tiene numerosos beneficios en el ser humano, sobre todo en sus primeros años de vida. Desde que nacemos afecta nuestro cerebro y, durante la primera parte de nuestra vida, ayuda al desarrollo cognitivo, social, motor, emocional y del lenguaje.

¿Sabías que la exposición de los recién nacidos a la música, especialmente a la música clásica, tiene numerosos efectos positivos? ¿Y que, si el niño va acompañando su crecimiento cantando, bailando o tocando un instrumento, durante sus primeros años de vida, es muy beneficioso?

Te enumero alguno de estos beneficios:

1- Mejora la memoria, la atención y la concentración de los niños. Al escuchar música atienden a la melodía y la letra, ejercitando la memoria.

2- Mejora la fluidez de expresión tanto hablada como la expresión corporal. Los niños al cantar están reproduciendo frases complejas que de otro modo no las reproducirían. El bailar escuchando música ayuda a la expresión con el cuerpo. También, tocar un instrumento hace que el niño se exprese de otro modo.

3- Facilita la resolución de problemas. La percepción de patrones rítmicos aumenta la capacidad para encontrar soluciones complejas a problemas matemáticos y de lógica. Y si se le añade la educación musical, el efecto aumenta porque el comprender la duración de las notas musicales en una partitura, activa la zona del cerebro relacionada con las matemáticas.

4- Estimula la imaginación y la creatividad. Aquí aparece el mundo interior del niño. La música ayuda a potenciar la imaginación y la creatividad como lo hacen las actividades artísticas como el dibujo y la pintura. El reconocimiento de patrones rítmicos actúa sobre la región creativa del cerebro impulsando así la imaginación.

5- Refuerza el lenguaje. El aprender nuevas canciones aporta palabras y sonidos haciendo que el niño pueda ampliar su vocabulario.

6- Aumenta la sociabilidad. El hecho de que un niño reconozca que conoce la misma canción con otro niño, va desarrollando la sociabilización. Cantar con otros en un coro, tocar instrumentos junto a otros o en grupos ayuda a que el niño se sociabilice, no solamente con otros niños, sino también con adultos.

7- Controla los estados de ánimo. La música evoca emociones y, por lo tanto, la música puede relajarlos o activarlos, según el tipo de música que escuchen y en el momento que se escuche.

8- Implanta rutinas. En los niños se da que asocien canciones a actividades concretas. Por ejemplo, cada vez que el niño escucha la canción de guardar o de saludar, va desarrollando las actividades y lo va disciplinando.

9- Aumenta la autoestima. Aprender canciones, moverse al compás de la música, tocar instrumentos y realizar una melodía mediante un aprendizaje divertido aumenta en el niño el amor propio.

10- Mejora la salud. La música tiene un efecto maravilloso en la salud ya que ayuda a aliviar o reducir el dolor, aumenta el sistema inmunológico, coordina la respiración y los latidos del corazón.

En resumen, rodear al niño de música en todo su desarrollo es un refuerzo positivo y poderoso. Seamos, los adultos, el nexo para hacer posible ese refuerzo. ¡Viva la música!

(*)Docente de Educación Musical y cantante.

La música es un medio de expresión y tiene numerosos beneficios en el ser humano, sobre todo en sus primeros años de vida. Desde que nacemos afecta nuestro cerebro y, durante la primera parte de nuestra vida, ayuda al desarrollo cognitivo, social, motor, emocional y del lenguaje.

16/10/2020 0 comments 118 views

En estos tiempos de pandemia es fundamental el uso del tapabocas. ¿Pero cómo enseñarle a un niño que debe utilizarlo? Esa tarea de los padres debe hacerse puertas hacia adentro, de un modo divertido, con el propósito de que al salir a la calle, ese chico comprenda que lo suyo es un acto de responsabilidad social.

Psp. Ma. Alejandra Canavesio (*)

«- Mi mamá me compró tres tapabocas: uno de Spiderman, otro de Cars y otro de calaveras. Me encanta ponérmelos, porque ahora nadie me ve cuando les saco la lengua… y ya no pueden retarme. (Iván. 8 años)

– Ahora con el tapaboca, mi papá no se da cuenta cuando le digo malas palabras cuando no me deja usar su celu. ¡Ya no me puede leer los labios como hacía antes! (Lautaro. 6 años)

– Mi abuela ya no puede ver cuando le tiro besos haciendo trompita, pero mis papás dicen que no me puedo sacar el barbijo cuando los voy a visitar. ¡Odio estos trapos que me tapan la boca! (Luz. 8 años)

– ¿Y hasta cuándo los vamos a tener que usar? En mi familia y mis amigos no hay nadie enfermo, y ya no nos podemos ver la sonrisa. (Bianca. 10 años)

– A mí me gustan, porque los usan los superhéroes. Así se tapan la cara para que los otros no sepan quiénes son. (Ariel. 9 años)

– No sé de qué puedan ayudar, si lo más lindo de hablar con una persona es poder verle la cara. (Juliana. 11 años)».

– Hay personas que no tienen síntomas y, sin embargo, tienen el virus. A mí me molesta usarlo, porque me cuesta respirar, pero me muero si llego a contagiar a alguien. Me parece que no todos entienden eso. Si no, lo usarían. (Clara. 13 años)».

Algunos se aprovechan de él, en beneficio propio. Otros reniegan, porque les resulta un obstáculo. Unos pocos entienden de qué se trata, y demasiados… no. Pero todos tienen (tenemos) un punto en común: deben llevarlo puesto, fundamentalmente al salir de la casa.

Aunque el uso de los tapabocas es una de las mayores medidas de prevención en contra del Covid-19, no deja de ser una realidad la necesidad de utilizarlos adecuadamente, tanto en cuanto a modos como a tiempos. En el caso de los niños, lo ideal es que lo tengan puesto cuando sea realmente necesario y durante lapsos cortos, habida cuenta de que no solamente muchos de ellos babean, sino que escupen, salivan y expulsan secreciones por la nariz, tanto al hablar como al respirar, y la inhalación de lo que exhalan acaba resultando totalmente insana.

Es una realidad que los niños tienen menos posibilidades de enfermarse, pero pueden ser transmisores del virus y, si bien es preciso explicarles esto, como para que hagan un uso responsable del tapaboca, es sumamente necesario manejarse con tacto, porque debemos evitar que sientan que la responsabilidad será suya, en caso de que otros enfermen, habiendo interactuado con ellos, sin cuidado. Esto les implicaría un peso sideral.

Es importante que los padres introduzcan a los hijos en el uso del tapaboca de un modo divertido, dentro de casa, como para que al salir a la calle estén preparados en el entendimiento de que se trata de un acto de responsabilidad social, pero no es aconsejable fomentarlo desde la simbología que tiene el «tapar la boca», en cuanto a amordazar, callar, cubrir, ocultar… o esconderse.

Además de estar llamados a cuidarnos para cuidar, este tiempo nos da la posibilidad de aprender nosotros y enseñar a estas nuevas generaciones el arte de leer qué es lo que dice el rostro…observando solamente los ojos.

(*) Psicopedagoga. M.P. N.º 279. L.I.F.8

Es una realidad que los niños tienen menos posibilidades de enfermarse, pero pueden ser transmisores del virus y, si bien es preciso explicárselos, como para que hagan un uso responsable del tapaboca, es sumamente necesario manejarse con tacto, porque debemos evitar que sientan que la responsabilidad será suya, en caso de que otros enfermen, habiendo interactuado con ellos, sin cuidado. Esto les implicaría un peso sideral.

24/09/2020 0 comments 145 views

Los chicos y adolescentes tienen la «virtud» de insistir cuando quieren algo. No cesan rápidamente ante un NO de sus padres. El problema es que, como padres, necesitamos mantenernos firmes en ese NO y sacarnos el saco de culpa de tanto nos pesa. El No de un padre o madre por un SI a la hora, dos horas o tres días se llama inconsistencia en la educación de los hijos.

Psp. Ma. Alejandra Canavesio (*)

«Entraron al negocio unos minutos después que yo. Si bien noté su presencia sin darme vuelta para verlos, no pasó mucho tiempo antes de escuchar:

– Daaaaaaaale, pá; dos paquetes nada más.

– Ya te dije que no, Juan.

– Pooooooooorfaaaaaa, pá… dos paquetes nada más- volvió a pedir el niño, dramatizando,aún más su tono de súplica.

– No, Juan- repitió el padre, aunque no con firmeza- Ya te compré el álbum y cuatro paquetes,

– Pero eso fue ayer. Ahora comprame dos más… Pooooooorfaaaaaaa, pá… pooooooooooorfaaaaaaaaa…- Esta vez, el tono llamó tanto mi atención, que giré mi cuerpo para verlo y, ante mi sorpresa, me topé con un corpulento niño (que debe haber rondado los 12 años), colgándose del brazo del padre mientras ensayaba ‘pucheros’.

– No, Juan- dijo el hombre, una vez más, pero sin endurecer el tono de voz.

– Daaaaaaaaaaaale, pá- casi llorisqueó- Poooorfaaaaaaaaaaaa…

– Ya te dije que no, Juan… Ahora tengo que comprar el pollo, después tenemos que ir al super, hay que comprar un postre para llevar a la casa de los abuelos y, encima, el lunes tengo que pagar la cuota de tu escuela y las expensas.

Haciendo caso omiso a lo que acaba de escuchar, el niño siguió insistiendo… ante varios revoleos de ojos y resoplidos de algunos de los presentes.

– Pooooooooooorfaaaa, pá… Dos paquetes nada más- insistió esta vez, dando dos fuertes sacudones al brazo de su padre que, sin siquiera mirarlo, por sostener la mirada en la mercadería que estaba eligiendo, acabó diciendo, con el mismo tono de voz que había tenido desde el principio:

– Está bien… Pero dos paquetes, nada más.

Automáticamente el niño se apartó del cuerpo del padre, se silenció… y la sonrisa que se le calzó en el rostro, hizo que una sensación de frío me recorriera la espalda».

Si algo hay que es complejo de implementar en la crianza de un hijo es decirle «NO», y no solamente decírselo sino, una vez dicho, poder sustentarlo. Cuando un padre no es capaz de sostener su palabra y la acomoda a su propia conveniencia, frente al hijo, se convierte en un padre inconsistente.

La inconsistencia en la educación de los hijos está bastante a la orden del día, en los últimos tiempos, y suele asentarse en el sentimiento de culpa de padres que están poco tiempo con sus hijos y que, por tanto, no quieren frustrarlos y temen que, si no les dan todos los gustos, los dejen de querer. La inconsistencia paterna y materna enseña a los niños que lo único que deben hacer, cuando piden algo y no lo obtienen de primera instancia, es seguir intentando porque, tarde o temprano, el «NO» se convertirá en «SÍ».

Cuando el hijo se sabe ante un padre inconsistente que, para colmo, suele estar cansado y/o distraído, presiona e insiste hasta obtener lo que quiere y, finalmente, queda posicionado como por sobre él, con aire triunfal por sentir que lo ha vencido.

Un padre inconsistente no solamente se hace no creíble ante el hijo, sino que le abre las puertas a la manipulación, la mentira, la irresponsabilidad y la falta de compromiso, perdiendo la autoridad de conseguir que sea capaz de manejarse en otros términos.

Una educación positiva se asienta en la confianza que implican la coherencia y la congruencia entre lo que se dice y lo que se hace, ante cualquier circunstancia y, si el deseo es construir hijos sólidos, no hay otro camino que no sea el que logremos por el interjuego entre la firmeza, la persistencia y la estabilidad que hacen a la consistencia.

(*) Psicopedagoga. MP. N° 279. L.I.F. 8.

La inconsistencia en la educación de los hijos está bastante a la orden del día, en los últimos tiempos, y suele asentarse en el sentimiento de culpa de padres que están poco tiempo con sus hijos y que, por tanto, no quieren frustrarlos y temen que, si no les dan todos los gustos, los dejen de querer. La inconsistencia paterna y materna enseña a los niños que lo único que deben hacer, cuando piden algo y no lo obtienen de primera instancia, es seguir intentando porque, tarde o temprano, el «NO» se convertirá en «SÍ».

01/09/2020 0 comments 155 views

Día del Niño. Y la fecha amerita una reflexión: llenar de regalos a un chico puede ser contraproducente. A mayor cantidad de regalos, mayor quizás pueda ser la alegría de recibirlos, pero eso no hace a la felicidad.

Psp. Ma. Alejandra Canavesio (*)

«—Yo no les voy a pedir nada, porque desde que estamos en cuarentena mis papás trabajan poquito y no tienen mucha plata. Estoy haciendo pasta frola con mi mamá y las vendemos a los que nos encargan. Ella me dijo que con lo que ganemos me va a comprar un regalo para el Día del Niño, pero yo le dije que a lo que ganemos vamos a usarlo para terminar de pagar las cuotas de la tablet que me regalaron para Navidad. (Vanina. 12 años).

—Si mi mamá no me compra la PlayStation 4 Pro ya le dije que me voy a ir a vivir con mi papá, porque no puede ser que Luis la tenga y yo no. Además, mi papá tiene más plata que todos sus amigos porque hace unos días se compró el iPhone XS Max, que no lo tiene nadie. Si me voy a vivir con él, me la compra seguro. Ya me lo dijo. (Nahuel. 11 años)».

En determinadas fechas, hacer regalos a los hijos, nietos, sobrinos y ahijados es casi una obligación, y tan es así que hasta llega a convertirse en un acto sobredimensionado, ya que reciben tantos regalos que acaban reduciendo la situación a un mero abrir paquetes de modo agitado e impulsivo, sin tomar verdadera conciencia de aquello que tienen en las manos.

Atosigar con regalos resulta profundamente contraproducente, porque los niños no aprenden a valorar. A mayor cantidad de regalos, mayor quizás pueda ser la alegría de recibirlos, pero eso no hace a la felicidad e, incluso, esa alegría tiene un tiempo de vencimiento porque es imposible poder disfrutar del uso simultáneo de muchas cosas a la vez. Cada regalo que va más allá de lo que al niño hace falta o necesita es un punto más a favor del aprendizaje de la desvaloración, y en la saturación se sobreestimulan.

Hacer muchos regalos a los hijos suele ser el modo del que muchos padres se valen para suplir el tiempo que no pasan con ellos e, hiperregalándoles, intentan llenar con cosas los vacíos que produce la ausencia. También sucede en padres consentidores, convencidos de que dando a sus hijos todo lo que piden los tienen permanentemente alegres y sin sufrir. Y

también están los padres que, a la hora de hacer regalos a sus hijos, compiten con otros padres en una especie de carrera por ver quién compra el último modelo y lo más caro, porque eso ¿evidencia una buena posición económica? Acaparar una avalancha de cosas transforma a los niños en materialistas, consumistas, quejosos, caprichosos y egoístas, incapaces de

beneficiarse al máximo con aquello que reciben, porque en la acumulación se pierden la atención y la concentración que posibilitan el aprovechamiento para el aprendizaje y, más tarde o más temprano, terminan descontentos y frustrados.

A la hora de hacer regalos es fundamental considerar la relación entre el objeto a comprar y la edad y nivel madurativo del destinatario. Es imprescindible, además, tener en cuenta que cuanto menos haga el juguete, juego o aparato electrónico por sí solo, más hará el cerebro del niño, y que una cosa es que el regalo sea útil para su desarrollo cognitivo, emocional y/o social, y otra, muy distinta, que simplemente responda a un capricho momentáneo.

Un regalo es algo que se da a alguien como muestra de afecto, por lo tanto, debemos trabajar en el logro de que tanto en quien lo da como en quien lo recibe esto sea claro y, entonces, resulte factible que en vez de promover una vida cómoda posibilitemos una vida plena en que eduquemos a nuestros niños forjando el carácter y reafirmando valores.

(*) Psicopedagoga. M.P. N° 279.L.I.F.8.

30/07/2020 0 comments 238 views

El absolutismo dominante de la tecnología ha invadido indiscriminadamente nuestros hogares y su impacto sobrepasa a los padres, cuyos hijos más pequeños tienen acceso simultáneo a la mamadera, el smartphone, la tablet y la computadora, antes que a los libros, los lápices y los cuadernos.


Psp.Ma.Alejandra Canavesio (*).

“—El sábado pasado aprendí a preparar panqueques y este finde me puse a armar pelotitas con lana para adornar la ventana de mi cuarto”.
—¡Qué lindo, Lali!.. ¿Es la primera vez que lo hacías?
—¡Sí! Lo aprendí mirando unos videos.


—Y resulta que lo podés hacer en un cartón con fibrones de distintos colores- me dijo Ariel, refiriéndose a la preparación de un cartel que tenía que hacer como parte de una tarea escolar.
—Claro. ¿Y cómo se te ocurrió eso?- quise saber.
—Lo vi en un video.


—Si querés una funda original para tu celu podés hacerla con silicona fría o caliente- me dijo Eugenia- Es re-fácil… aunque no hayas hecho una nunca.
—¿Vos hiciste alguna?
—¡Obvio!- me respondió con aires de suficiencia- Hice una para mí, otra parecida para Juli y una para mi mamá.
—¿Y quién te enseñó a hacerlas?- le pregunté.
—Lo aprendí con un video.


(Los ejemplos serían casi interminables)”

Es indiscutible que la cultura de las pantallas gobierna la vida actual, y los más pequeños, por indefensos y vulnerables, son los que quedan más expuestos a esta influencia. Resulta, incluso, que aún antes de aprender a hablar ya saben cómo manipular estos dispositivos, y conocen la forma de ingresar a la web para acceder a distintos tipos de videos desde muy temprana edad.


Esta zambullida precoz en un mundo táctil en el que el niño entrena los pulgares más que el pensamiento es una consecuencia de ponerles en la mano distintos aparatitos para que se entretengan solos y no molesten. Resguardados en el hecho de que los hijos se entretienen y que por estar dentro de la casa están seguros, los padres han perdido la perspectiva del control, la dosificación y la restricción en el uso de estos aparatos, cediendo a la tecnología un poderío inmanejable dentro del hogar.
Hasta hace unos años, lo que decían los adultos no sólo valía sino que se consideraba como “palabra santa”. Ante cualquier cosa que contáramos y nos preguntaran cómo lo sabíamos, la respuesta era “me lo dijo mi mamá”… el abuelo, la maestra, etc. Que nuestros hijos hoy acudan a las máquinas no solamente para divertirse sino también para enterarse y conocer indica claramente el alejamiento en la búsqueda de adultos reales como referentes para la enseñanza-aprendizaje… y es penosísimo.


Si bien el avance tecnológico es imposible de frenar, no debería ser quimérico pretender que los adultos responsables eviten “soberanice” la vida y dinámica de cada familia. Debería hacernos reaccionar que demasiados niños, hoy, digan que de grandes quieren ser youtubers… y no maestros de escuela.

(*) Psicopedaoga. M.P. N° 279.L.I.F.8.