Cómo decirle chau a las ojeras

Publicado por: 11/01/2017 0 comments 110 views

Genética, descanso o alimentación. Esas pueden ser algunas -de las muchas- causas de los surcos que oscurecen una mirada. La buena noticias es que ¡hay solución!

Contra las ojeras puede servir colocarse rodajas de pepino frías o hacerse una “miniterapia” con gasas refrescantes o cucharitas recién retiradas del refrigerador. Colocar cualquiera de esos objetos por encima de los ojos ayuda a desinflamar la zona.

¿Pero qué hacer cuando las ojeras son una cuestión permanente que, encima, toman un color violeta-azulado, marrón o rojizo? Cuando el problema se vuelve persistente y para colmo va empeorando, lo mejor es revisar las causas.

Para empezar, hay que saber que la piel que circunda los ojos es particularmente delgada. Como la hipodermis allí es mucho menor, la zona es más traslúcida y los vasos sanguíneos se ven más que en otras zonas del cuerpo. Además, con el paso de los años el tejido adiposo se vuelve incluso más frágil. Ahora bien, las ojeras pronunciadas pueden tener causas genéticas y, por tanto, aparecer a una edad temprana. 

Otro de los disparadores puede estar en la vida poco sana. Un modo de notarlo es cuando las ojeras tienen una arruga muy pronunciada de color azul-negruzco. En ese caso, puede que no se esté bebiendo suficiente agua de calidad, que falten horas de sueño o que no esté comiendo suficiente frutas y verduras.

Una ayuda pueden ser las cremas con urea, ácido hialurónico o extracto de aloe vera. Lo importante es no hacer demasiada presión sobre las ojeras al colocar la crema.

Otro punto: nunca intente resolver el problema con saquitos de té fríos porque pueden generar reacciones alérgicas. Si quiere ocultar el problema, recurra mejor a los tapaojeras o “concealer”, que suelen ser útiles hasta en casos severos. Al comprar, procure buscar un tono más claro que el de su piel o que el de la máscara que suele utilizar.

Y si el problema se mantiene pese a los cuidados, puede consultar a un médico para que vea, a través de un análisis sanguíneo, si le falta hierro o alguna vitamina. Hay casos, si bien escasos, en los que las ojeras pueden ser síntoma de una falencia tiroidea o renal o manifestación de una alergia. 

Otro motivo puede ser un mal funcionamiento linfático. Esto suena más preocupante de lo que es, ya que puede solucionarse con un drenaje manual o mecánico que puede hacer una cosmetóloga con buena formación.

A veces las ojeras se expanden mucho, cuelgan y hacen que se note una acumulación de grasa debajo de los ojos. En esos casos se puede optar por una intervención quirúrgica para reducirlas. También existen tratamientos con ácido hialurónico que por lo general son indoloros y apuntalan esa zona de la tez del rostro.

Otra opción son los tratamientos con láser, útiles cuando las ojeras son consecuencia de una sobreproducción de pigmentación. Al respecto es importante tener en cuenta que ese tratamiento puede tener efectos colaterales como sangrados o hinchazón en las zonas tratadas. De todos modos, esos inconvenientes deberían desaparecer, a lo sumo, en dos o tres semanas después de la aplicación.

 

La piel del contorno de los ojos es la más frágil y susceptible de la geografía cutánea. El espesor de esa capa de la dermis es cinco veces más fina que la del resto del rostro, que a su vez, es cinco veces más fina que la del cuerpo. En milímetros, no llega a los 0,5. Además, tiene una menor cantidad de fibras de colágeno, elastina y glándulas sebáceas. En el contorno ocular hay 22 músculos periorbitales que están en continuo movimiento, por lo que, además de delicada, es una piel que se distiende con facilidad.