Danza: un encuentro fecundo entre arte y movimiento

Publicado por: 09/02/2018 0 comments 244 views

Durante la infancia, y por qué no en otras etapas de la vida, la elección acerca de las formas de danzar suponen la puesta en juego de preferencias, gustos, singularidades o necesidades personales. Existen variados estilos, disciplinas y técnicas de movimiento: danza clásica, contemporánea, jazz, españolas, folklóricas…

 Lic. Geraldine Betemps (*)

El cuerpo y el movimiento, componentes esenciales en la adquisición del saber sobre el mundo, despliegan en la danza una dimensión ligada al imaginario y a la creatividad, a los modos de expresar, sentir y significar.

Quienes vivencian el movimiento creativo -danza, expresión corporal-  disfrutan del  encuentro del  cuerpo  con matices de tiempo, espacio y energía. Juegan, descubren, se sorprenden, comparten e  internalizan sensaciones y emociones que construyen su propia subjetividad, su propia historia.

Estas propuestas de educación artística se erigen sobre una concepción particular del cuerpo. Un cuerpo que es manifestación del sujeto y espacio de relación con el mundo. Un cuerpo que se abre a la experiencia y se pronuncia como generador de nuevas expresiones. Un cuerpo que singularmente integra sensación, pensamiento, concepto, movimiento, vínculo y creación.

Recorrida interior

Quien danza, investiga en un principio en sí mismo y se relaciona con los demás y el entorno. Enriquece su imaginario a partir del juego con sensaciones kinésicas, visuales, auditivas…. Cruza su movilidad con dimensiones espaciales, energéticas, temporales. Estas vivencias invitan a una interioridad enriquecida que se expresa en movimientos, gestos y posturas que tienen una impronta singular y distinta en cada sujeto.

El aprendizaje de la danza supone también aprovechar las variadas riquezas que el arte brinda: en su fecundo encuentro con la música; en su carácter de arte escénico; en su visión integral de la salud de un cuerpo y un movimiento “sentipensantes”, en su carácter de espacio que se disfruta y se comparte.

La danza no sólo debe ser pensada como etapa de preparación para un “futuro bailarín”, sino fundamentalmente como vivencia que es agenciada, aprovechada, disfrutada en el momento, por parte de esa persona en formación que transitan edades en las que se configuran el  desarrollo corporal, cognitivo, emocional y social.

La danza en las edades más tempranas busca facilitar las experiencias expresivas de movimiento en cada niño. A los 3, 4, 5 años, quizás antes de decidir qué tipo de técnica de danza abordar, antes de aprender los pasos y posiciones de una disciplina de danza concreta, es clave para todos los niños esta búsqueda centrada en el disfrute, el autoconocimiento, la senso percepción, la libertad  para encontrar el placer de un movimiento con impronta personal.

La danza implica superar límites, nutrir el cuerpo, sentir la propia fortaleza, vencer miedos, cultivar hábitos y compartir vivencias. Supone motivación y a la vez esfuerzo. Implica un proceso particular de sensibilización, de imaginación, de juego, de expresión creativa puesta en lenguaje de movimiento.

(*) Docente de la Escuela de Danza Arte y Movimiento.