¿De anticuario?

Publicado por: 20/01/2021 0 comments 104 views

La educación en las buenas costumbres no debería ser puesta en tela de juicio y, mucho menos, considerada de anticuario. No cabe duda alguna respecto a que, en muchos sentidos, «lo pasado fue mejor».

Psp. Ma. Alejandra Canavesio (*)

«Desde hace bastante vengo preguntándome qué ha sucedido con los parámetros de la normalidad y por qué, de un tiempo a esta parte, ‘hacer las cosas bien’ se cataloga como algo que ‘no va más’ y está pasado de moda.

Conozco padres que viven plegados a la modernidad y que, aún siendo conscientes de las dificultades de sus hijos, sostienen que hay que vivir la vida de acuerdo a ‘lo de ahora’ y no a ‘lo de antes’, porque hay que amoldarse a las épocas…, pero también sé de papás que reniegan intensamente de esto y que, aún a riesgo de formar hijos ‘diferentes’, defienden sus posiciones y bregan por valores y modos de vida sanamente formadores.

Desde mi propio criterio, es precisamente a estas últimas familias a las que hay que apostar, si de procurar un buen futuro se trata».

Computadora, tablet, play, celular, chat, videojuegos, redes sociales… y, como consecuencias: hiperactividad, urgencia, desasosiego, confusión, descontento, competitividad, consumismo, ansiedad, búsqueda de gratificación inmediata, intolerancia a la frustración, caprichos, berrinches, exposición, búsqueda de protagonismo, lenguaje procaz, erotización temprana, dificultad para gestionar las emociones, desinterés en el otro y desconexión afectiva.

Así vive la mayoría de los niños y adolescentes hoy: de una cosa a la otra, casi sin pausa, a las corridas, sin responsabilidad alguna, hiperexponiendo su mundo privado, descomprometidamente… ¿Yendo hacia dónde? ¿Para construir qué? ¿Sobre qué cimientos?…

Lo serio en todo esto es, también, que desde la óptica de quienes llevan esta clase de vida aquel que vive de otro modo es un tonto, pertenece a una familia que «se quedó en la prehistoria» y, por tanto, acaba siendo desmerecido, desvalorado y discriminado.

El paso del tiempo y la sucesión de las épocas (generalmente notables por alguna circunstancia), en la actualidad ha anclado en la involución que implican los desvalores y la deshumanización. En vez de jugar al aire libre, escuchar música infanto-juvenil y leer libros de cuentos y novelas, niños y adolescentes se entrenan a diario en el uso de armas para matar por obtener premios; en interactuar con desconocidos que toman por amigos; en grabarse en videos sexualizados, personales e íntimos, que hacen públicos; en hacer «como si» tuvieran más edad que la que tienen; en armar y desarmar relaciones, casi en un chasquear de dedos; en planificar formas de venganza contra la fulanita que le quitó el novio a la mejor amiga; en burlarse de aquellos que tienen alguna dificultad; en oponerse y desafiar a las figuras adultas; en hacer malabares a la hora de encontrar estrategias para zafar de la realización de cualquier cosa que implique tiempo y esfuerzo; en pretender que otros se hagan cargo de lo que a ellos corresponde, etc. Un verdadero dechado de defectos de los que, encima, más de un adulto se siente «orgulloso». Porque no intervienen para detenerlos y, al permitirlo, lo validan.

La educación en las buenas costumbres y el deseo de que los hijos crezcan y se desarrollen saludablemente no deberían ser puestos en tela de juicio y, mucho menos, desmerecidos como cosas de anticuario. Al contrario. Todas las antigüedades encierran un valor y, si de comportamientos se trata, no cabe duda alguna respecto a que, en muchos sentidos, «lo pasado fue mejor».

Si hilamos fino, el ser humano en sí es antiguo, porque existe desde hace mucho tiempo, y su tendencia a modernizarse es lo que conduce hoy a la habitualidad de perseguir la consecución de cosas en vez de procurar logros de esos que, por no tangibles, son los que lo harían más humano.

Empecemos por pensar qué es lo que queremos para nosotros mismos de aquí a unos años y démonos cuenta, entonces, de cómo debemos proceder con los niños y adolescentes hoy… para conseguir justamente eso mañana.

(*) Psicopedagoga. M.P. Nº 279. L.I.F 8