El amor de pareja: expectativa y realidad

Publicado por: 16/02/2017 0 comments 86 views

Para lograr un amor verdadero, no alcanza ni la buena figura, ni la capacidad de empatía ni el magnetismo, porque no se trata de una serie de cualidades que se consideran deseables, sino que consiste más en una disposición, una capacidad, una habilidad que se construye con esfuerzo.

 

Por Celeste Fonseca (*)

El ser humano ha nacido para vivir acompañado, de eso no hay duda. Ansiamos encontrarnos con el otro, sobre todo con ese otro especial, que sentimos que da sentido a nuestra existencia.

Pero el camino del amor, tiene muchos baches y puede resultar más complejo de lo que a veces deseamos. Pero seamos sinceros, ningún ámbito de la vida está tan lleno de expectativas y promesas como el ámbito del amor en la pareja.

Tendríamos que definir en primer lugar, de qué hablamos cuando hablamos de “amor”. El amor tiene que ver con la decisión de dejar entrar al otro, es algo que va sucediendo, es el gusto de estar juntos, el placer de compartir la mayoría de nuestras cosas con esa persona. Es estar conectados, sentirse unido a otro de manera diferente.

La pareja es una oportunidad de crecimiento, de expansión del corazón, de una cierta felicidad quizás, con numerosos y variados retos. Es vivir la entrega, es aprender a amar al otro exactamente como es, con independencia de nuestros anhelos y esperanzas.

Hay personas que pasan la vida enamorándose y desenamorándose, personas que exploran relaciones y no eligen ninguna, personas que eligen y se vinculan pero no lograr el compromiso profundo y real necesario para que su relación tenga más peso y fuerza que lo anterior, y personas que alcanzan las cumbres del amor generoso a través de una entrega mayor.

En verdad resulta triste ver en algunas parejas dolor y la imposibilidad de materializar el amor que sienten o sintieron en su momento. No hay modelos ideales que se deban seguir, sino relaciones reales, y cada pareja debe encontrar su propia manera, desplegando su sensibilidad y evitando traicionar la inteligencia de su corazón.

 

Cinco condiciones

No hay esquemas preestablecidos, pero si condiciones que facilitan o dificultan la relación de pareja. Arnaud Desjardins, discípulo del sabio hindú Swami Prajnanpad, explica en su libro Una vida feliz, un amor feliz, los cinco criterios para reconocer el valor profundo de una pareja.

La primera condición es que sea fácil, que fluya sin demasiado esfuerzo, que no se tenga que malgastar energía en emociones ni se obligue a luchar contra éstas. Cuando esta condición se da, existe una comunión real, una comodidad que no es rutinaria, todo se resuelve con naturalidad y las cosas resultan fáciles y gráciles. 

La segunda condición es que se trate de dos naturalezas no demasiado incompatibles. La compatibilidad de la pareja descansa sobre la diferencia, pero también sobre la posibilidad de asociación, imbricación, y complicidad. A menudo, la fascinación amorosa ignora con soberbia la incompatibilidad de dos naturalezas, y las personas creen amarse de buena fe pero carecen de la posibilidad de una comprensión verdadera.

La tercera condición es que los miembros de la pareja sean verdaderos compañeros, que se sientan acompañados, que puedan compartir sus peculiaridades, gustos, intereses, diferencias y complicidades. Que tengan a alguien al que entienden y al que los entiende.

La cuarta, es tener fe y confianza plena en el otro. Que no sea necesario temer, desconfiar o protegerse. Que el otro inspire una completa confianza, sobre la cual se pueda cimentar un amor verdadero; y que tengamos la convicción de que el otro no nos va a dañar.

La quinta y última de las condiciones, es la más difícil de cumplir: el deseo espontaneo de que el otro esté bien, lo cual quiere decir, el deseo de que esté bien por encima de nuestros miedos o carencias. Es difícil de cumplir porque en los tiempos actuales, en los que se vive la pareja más al servicio del yo que del tu o del nosotros, es más común que uno tenga el impulso espontaneo de que el otro lo haga feliz, y no de hacer feliz al otro.

Para lograr un amor verdadero, no alcanza ni la buena figura, ni la capacidad de empatía ni el magnetismo, porque no se trata de una serie de cualidades que se consideran deseables, sino que consiste más en una disposición, una capacidad, una habilidad que se construye con esfuerzo.

Por último, como cita el autor Joan Garriga, en su libro El buen amor en la pareja (2013), “En la relaciones de pareja no hay buenos y malos, culpables e inocentes, justos y pecadores. Lo que hay son buenas y malas relaciones: relaciones que nos enriquecen o relaciones que nos empobrecen. Hay dicha y desdicha. Hay buen amor y mal amor. Y es que el amor no basta para asegurar el bienestar: hace falta el buen amor”.

(*) Licenciada en Psicología. (Mat. 1704 – F° 104 – L.10)