Genios, niños prodigio y no tanto

Publicado por: 16/11/2015 0 comments 342 views

 

Es habitual oír a cada rato “es un genio”, “es genial”, aplicado a cualquier persona o circunstancia, desde un gol hasta una acrobacia infantil.

 

Vendría bien usar esta palabra en su sentido estricto: persona que muestra un talento especial, fuera de lo normal, o sea extra-ordinario, en cualquier campo del estudio, la creatividad, el conocimiento intelectual e incluso el desempeño físico.

Asociado con este concepto existe el de “niño prodigio”. Es quien, desde pequeño, antes de los 8 ó 10 años de edad más o menos, manifiesta un tipo especial de habilidad intelectual o física más notable que la media común.

Muchas veces grandes genios no han sido niños prodigio, y vice versa: chicos que parecían fuera de serie no pasaron a serlo en su adultez.

Juegan aquí las ansias a veces desmedidas de padres que desean que su hijo se destaque en forma excepcional, sea por satisfacer su orgullo, o por proyectar lo que no pudieron ser, aunque frecuentemente lo hacen para “salir de pobres” tratando de que el hijo logre un estatus económico que les solucione la vida a toda la familia.

Nos parece, por cierto, completamente equivocado: al niño se lo debe estimular para que desarrolle sus condiciones, pero nunca presionar, ya que por más que se lo exprima o presione no se logrará lo imposible. Como sabiamente dice el viejo refrán español: “lo que natura no da, Salamanca no presta”. Y lo peor es que no sacarán “peras del olmo”, sino que el chico se puede sentir frustrado, empequeñecido, sin la autoestima suficiente, en fin todo lo no deseado para la formación de un niño.

Pero no cabe en esta columna hacer un estudio sicológico-sociológico sobre el particular. Simplemente recordar estos conceptos y memorar algunos casos emblemáticos:.
Mozart es posiblemente el caso más conocido. Su nombre “el amado de Dios” parece haber sido premonitorio. Ya a los 5 años tocaba instrumentos y compuso su primera obra a los 8 años de edad, y su carrera fue imparable en logros musicales. Su padre le exigió cuanto pudo, en busca de afianzar la economía familiar. Suponemos que con esa presión o sin ella el genio igualmente se habría manifestado. Lo que no sabemos es si su hermana mayor, que mostró desde pequeña un gran talento musical, no hubiera sido una música excepcional ya que se vio impelida a dejar todo de lado para casarse y cuidar el hogar.

En el otro extremo en cuanto a precocidad podríamos ubicar a Albert Einstein quien recién comenzó a hablar a los tres años de edad y no tenía facilidad para hacer amigos. Le gustaba tocar el violín –que lo acompañó toda su vida- y el álgebra que le enseñaba su tío Jakob, pero no fue sobresaliente en la escuela, aunque sí cumplidor. En la secundaria un profesor le vaticinó que “nunca lograría nada en la vida”. Es verdad que sacaba excelentes notas en las ciencias como física, álgebra, trigonometría, pero nadie pensaba en él como genio. Graduado como profesor pero sin conseguir trabajo como tal, ingresó en la Oficina de Patentes de Berna, Suiza, y en tanto se ganaba la vida allí, escribió trabajos extraordinarios en física conocidos como “anno admirabilis”, uno de los cuales le valió el premio Nobel en 1921.

A los 15 años, Pablo Picasso exhibió un gran óleo en Barcelona, en una carrera imparable de logros artísticos que lo convirtieron en uno de los más revolucionarios artistas de todos los tiempos, prolífico, amado, odiado, pero genial.

El espectáculo ha dado varios niños prodigio, aunque no todos llegaron a ser exitosos en su adultez. Sí lo fue Michael Jackson que a los cuatro años de edad, integró el grupo Jackson Five, junto a sus hermanos, en el que fue figura principal. Y a los 11 comenzó su carrera en forma individual, para convertirse en cantante, compositor, bailarín, productor y empresario, estrella indiscutida de la música pop.