Lo vi en un video

Publicado por: 30/07/2020 0 comments 77 views

El absolutismo dominante de la tecnología ha invadido indiscriminadamente nuestros hogares y su impacto sobrepasa a los padres, cuyos hijos más pequeños tienen acceso simultáneo a la mamadera, el smartphone, la tablet y la computadora, antes que a los libros, los lápices y los cuadernos.


Psp.Ma.Alejandra Canavesio (*).

“—El sábado pasado aprendí a preparar panqueques y este finde me puse a armar pelotitas con lana para adornar la ventana de mi cuarto”.
—¡Qué lindo, Lali!.. ¿Es la primera vez que lo hacías?
—¡Sí! Lo aprendí mirando unos videos.


—Y resulta que lo podés hacer en un cartón con fibrones de distintos colores- me dijo Ariel, refiriéndose a la preparación de un cartel que tenía que hacer como parte de una tarea escolar.
—Claro. ¿Y cómo se te ocurrió eso?- quise saber.
—Lo vi en un video.


—Si querés una funda original para tu celu podés hacerla con silicona fría o caliente- me dijo Eugenia- Es re-fácil… aunque no hayas hecho una nunca.
—¿Vos hiciste alguna?
—¡Obvio!- me respondió con aires de suficiencia- Hice una para mí, otra parecida para Juli y una para mi mamá.
—¿Y quién te enseñó a hacerlas?- le pregunté.
—Lo aprendí con un video.


(Los ejemplos serían casi interminables)”

Es indiscutible que la cultura de las pantallas gobierna la vida actual, y los más pequeños, por indefensos y vulnerables, son los que quedan más expuestos a esta influencia. Resulta, incluso, que aún antes de aprender a hablar ya saben cómo manipular estos dispositivos, y conocen la forma de ingresar a la web para acceder a distintos tipos de videos desde muy temprana edad.


Esta zambullida precoz en un mundo táctil en el que el niño entrena los pulgares más que el pensamiento es una consecuencia de ponerles en la mano distintos aparatitos para que se entretengan solos y no molesten. Resguardados en el hecho de que los hijos se entretienen y que por estar dentro de la casa están seguros, los padres han perdido la perspectiva del control, la dosificación y la restricción en el uso de estos aparatos, cediendo a la tecnología un poderío inmanejable dentro del hogar.
Hasta hace unos años, lo que decían los adultos no sólo valía sino que se consideraba como “palabra santa”. Ante cualquier cosa que contáramos y nos preguntaran cómo lo sabíamos, la respuesta era “me lo dijo mi mamá”… el abuelo, la maestra, etc. Que nuestros hijos hoy acudan a las máquinas no solamente para divertirse sino también para enterarse y conocer indica claramente el alejamiento en la búsqueda de adultos reales como referentes para la enseñanza-aprendizaje… y es penosísimo.


Si bien el avance tecnológico es imposible de frenar, no debería ser quimérico pretender que los adultos responsables eviten “soberanice” la vida y dinámica de cada familia. Debería hacernos reaccionar que demasiados niños, hoy, digan que de grandes quieren ser youtubers… y no maestros de escuela.

(*) Psicopedaoga. M.P. N° 279.L.I.F.8.