Madres e hijas, ante el desafío de la adolescencia

Publicado por: 14/09/2018 0 comments 28 views

La adolescencia es una etapa compleja y difícil, tanto para los adolescentes como para los padres. Ambos se enfrentan a situaciones tensas que son absolutamente normales y, sobre todo, de desconcierto. En esta nota, el vínculo madre e hija cuando llega esta etapa de la vida.

Impulsada por Fundación OSDE y la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil se llevó a cabo semanas atrás  la charla taller “Creciendo juntas”, basada en la relación entre madres e hijas en la etapa de los cambios propios de la pubertad. La doctora María Gabriela Ragogna, miembro de dicha Sociedad y especialista en la materia porque trabaja mucho con adolescentes, fue la encargada de la disertación.

La adolescencia, expresó la médica en la charla, es un momento de aprendizaje para quienes transitan esta etapa y sus padres. A estos últimos, muchas veces puede estar faltándoles aquellas palabras más precisas, o las formas más adecuadas (de acuerdo a la edad que tienen), para comunicarles de manera sencilla lo que a sus hijas les pasa.

 

Cambios que se notan

 No decimos nada nuevo cuando afirmamos que la adolescencia representa una etapa compleja. Una auténtica metamorfosis donde se producen grandes cambios físicos (tanto internos como externos), psicológicos y sociales y que tienen como consecuencia una nueva forma de percibir, de sentir y de valorar el mundo, repercutiendo todo ello en su comportamiento tanto cognitivo como emocional.

Todos estos cambios desorganizan las pautas familiares que se habían conseguido instaurar hasta ahora, con no poco esfuerzo. Se hace entonces necesaria una reorganización. Debemos aprender a adaptarnos todos de nuevo, igual que hicimos cuando llegó el bebé.

Todo cambio, toda re adaptación suele venir acompañada de conflictos, en este caso familiares, conflictos que como padres, no siempre sabemos cómo manejar ni cómo resolver adecuadamente. Comprender el por qué y el cómo de estos cambios puede ayudarnos a entender las reacciones, no pocas veces molestas, desagradables o incluso dolorosas de nuestros hijos a los que, en ocasiones, ni comprendemos ni reconocemos. Esta etapa evolutiva de la vida abarca aproximadamente desde los once o doce hasta los veinte o veintiún años (algunos autores la alargan hasta los 24). Aproximadamente 8 años en los que se distinguen tres ciclos:

La adolescencia temprana: de los 11-12 a los 14 años. Su principal característica, a nivel comportamental, es el inicio e incremento de la frecuencia e intensidad de los conflictos paterno-filiales.

La adolescencia media: de los 14 a los 16 años. En esta época se acentúan los cambios y las alteraciones de los estados de ánimo.

La adolescencia tardía o primera juventud: de los 16 a los 20-21 años. Quizá la que más preocupa a los padres porque es cuando comienzan a sentirse atraídos por las conductas de riesgo.

Nuestro objetivo, como padres, a los largo de esta etapa es intentar mantener o desarrollar la mejor relación con ellos para que tras esa metamorfosis, el adulto resultante de ella, sea un adulto eficiente, fuerte y seguro de sí mismo, capaz de desarrollar todo su potencial y de enfrentarse al mundo y a su propia vida. No nos detendremos en analizar los cambios físicos externos (que ya comenzaron en la pubertad) por ser éstos evidentes. Simplemente recalcar que, para ellos, estos cambios son importantes y que además de generarles muchas inseguridades son fruto de muchas de sus preocupaciones. Tanto su imagen como su aspecto físico son, en esta época, especialmente importantes. Para el niño que comienza a sufrir estos cambios, no saber cómo quedará finalmente su cuerpo, debe ser realmente inquietante.

 

Sobre el taller Creciendo Juntas

La actividad de Fundación Osde y de la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil estuvo orientada al aprendizaje y tratamiento de temas que hacen al desarrollo físico y emocional de niñas que todavía no tuvieron su primera menstruación. La misma estuvo a cargo de la doctora María Gabriela Ragogna y fue destinada a niñas de 9 a 11 años premenárquicas. Se realizó en la sala auditorio de Osde, con entrada fue libre y gratuita.

“Se trata de una charla que hacemos desde hace varios años para acompañar a las madres que están viendo crecer a sus hijas, y a la vez ayudarlas en el desarrollo de ese crecimiento, una etapa que de por sí implica la compresión de toda una serie de cambios por los que deben pasar”, describió la doctora Ragogna, sin dejar de recordar que los cambios a los que se refiere, que son hormonales y del cuerpo, son tanto físicos como emocionales y se originan de manera progresiva, por lo que ambas pueden estar preparadas para afrontarlos juntas.

En tal sentido, destacó que el objetivo principal de estas presentaciones es ofrecer una herramienta para que el tema de la sexualidad deje de ser tabú y les puedan explicar a las niñas que todas van a pasar por este momento especial de su crecimiento en tiempo y forma, anticipándose a determinadas situaciones para que no se asusten. También se puede encarar este proceso con los varones, explicó, pero las charlas están previstas para las nenas porque son ellas las que empiezan a tener consultas sobre la menstruación y los cambios que ésta les puede generar. Por eso mismo, esta experiencia grupal incluye los cuidados y recomendaciones higiénico dietéticas que la etapa involucra.

“Los varones transitan este proceso con mayor tranquilidad y más adelante, por eso en principio se privilegia a las mujeres”, acotó Ragogna. Para finalizar, aclaró que se elige a chicas de 9 a 11 años, porque en Argentina se estima que la gran mayoría de ellas tiene su primera menstruación a los 12 años.

La doctora María Gabriela Ragogna es médica togoginecóloga, certificada en ginecología infanto juvenil. Es delegada de la Sociedad de Ginecología Infanto Juvenil Argentina en Santa Fe y jefa de la Sección Ginecología Infanto Juvenil del Hospital de Niños Dr. Orlando Alassia. A su vez, forma parte de la Sociedad Argentina de Pediatría Filial Santa Fe y del Instituto Médico de la Mujer. La tocoginecología es la parte de la medicina que se ocupa de la ginecología y la tocología, también conocida como obstetricia, que se encarga del embarazo, el parto y el período de tiempo posterior a este.

 

“Noto que estoy en una etapa de cambios”

Giuliana tiene 12 años y está en la etapa de adolescencia temprana. En diálogo con Viví Mejor, cuenta que es consciente de los cambios que está teniendo tanto físicos como emocionales, siendo estos últimos los que más le llaman la atención. “Hay situaciones que me enojan mucho más que antes, otras que me entristecen por demás y a la media hora ya estoy feliz de nuevo. Me siento como con cambios repentinos de estados emocionales, y me explican que es por esto de la adolescencia.

Consultada sobre el vínculo con mamá, dijo que le cuenta absolutamente todo porque sabe aconsejarla mejor que nadie y quiere lo mejor para ella.

María Silvina Berli, mamá de Giuliana, manifestó por su parte que con 12 años su hija hace planteos que a sus 12 ni se le cruzaban por la cabeza. “Yo creo que tiene que ver con la mediatez de las redes sociales, la exposición… Hoy, como madre de una nena de 12 años, tengo que estar más atenta porque les llega información más rápido y todo el tiempo”, dijo.

“Me veo diferente a hace un tiempo”

Emilia tiene 11 años. Nota que está en una etapa de cambios corporales y también de actitudes. A la hora de elegir a quién hablarle de lo que le está pasando, elige a su mamá. ¿Por qué? Porque es quien más la conoce y sabe entenderla.

Gabriela Don, su mamá, coincide con su hija en todo lo que contó. Y agrega: “Emi está en el inicio de la adolescencia, está arrancando esta etapa. Y se nota porque tiene actitudes, contestaciones y reacciones que cuando era niña no tenía. No sabés como entiendo a mi mamá cuando me decía, cuando yo era adolescente, Cuando seas madre me vas a entender… Ahora mi rol es acompañarla

“De esta etapa, lo único que espero es ser feliz”

 Para Agustina, que en breve cumplirá 13 años,  la adolescencia es “sentir cambios en mi cuerpo y que estoy más grande”. Cuenta que con mamá sólo habla algunos temas y que a la hora de contar algo que le esté pasando es selectiva. Depende qué sea lo habla con mamá o con una amiga. De esta etapa lo único que desea es “ser feliz”.

Por su parte, Luciana Binci manifestó: “Mi hija está en una etapa un poco complicada. Está empezando a dejar de ser una niña y los cambios son muy rápidos. Tratamos de conversar de todo. Hay preguntas que surgen de ella y otras que trato de “indagar” como madre. Soy muy sobreprotectora. En esta etapa la acompaño mucho, quiero que sepa que no está sola y que puede consultarme cualquier cosa. Mi mayor miedo es su exposición al mundo, sobre todo por todo lo que pasa en la sociedad actual.

Consultada sobre teniendo en cuenta su adolescencia qué cosas repetiría con su hija, Luciana dijo: “mis papás siempre me cuidaron muchísimo y por falta de diálogo he metido la pata mil veces.  Por eso, a ella siempre le digo que no me oculte nada, que siempre le vamos a encontrar la vuelta”.

“Al sentirme más grande me voy sintiendo más independiente”

Sofía Neville tiene 15 años. En diálogo con Viví Mejor, dijo que está en la etapa en que ya no es más una niña y, poco a poco, está empezando a ser mujer.  “Obviamente noto cambios físicos e internos. Me gusta porque al sentirme más grande me voy sintiendo más independiente. Depende qué sea lo hablo con una amiga, pero sea lo que sea no tendría drama de hablarlo también con mi mamá. Nosotras somos muy compañeras”.

Claudia Ruiz Díaz, mamá de Sofi, asiente los dichos y agrega: “ella esta mas grande, más independiente. Es una nena segura y para nada rebelde, lo que permite que tengamos una relación donde reina la confianza y el diálogo. Yo estoy permanentemente preguntándole cosas, pero con la finalidad de crear lazos. Mi mamá siempre fue muy compañera mía, y yo busco lo mismo con ella porque creo que es la base en esta etapa”.