No siempre una “dulce” compañía

Publicado por: 11/05/2018 0 comments 14 views

Muchos alimentos que se consumen a diario contienen azúcar, aunque al paladar se perciban salados. El azúcar alarga la vida útil del producto, y por eso su empleo en cantidades extremas. Como consumidores, es importante chequear los rótulos  porque también es sabido que el consumo elevado de azúcar trae consecuencias.

Por la Lic. Ma. Celeste Nessier (*)

Parece que la evolución escribió el final inesperado, rindiéndose ante el elixir de las reacciones químicas desencadenadas tras la ingesta de azúcar en detrimento del sabor amargo cuyo rechazo nos permitió sobrevivir.

El problema es que los descendientes del Homo Sapiens lejos quedaron de las praderas y la cultura alimentaria postmoderna impregnó de azúcar el supermercado. Este azúcar que antes se atesoraba como bastión en las carameleras de las casas de las abuelas, ahora está en la heladera, en la alacena, en el auto y en la escuela. Es que la bebida que tomamos a diario tiene azúcar, los desayunos y meriendas son azucarados, los postres brillan de sacarosa y los picoteos tienen como primera opción a los refrigerios dulces.

Que los caramelos tienen azúcar eso lo sabemos todos, pero que lo tiene el pan de molde, los cereales de desayuno, los jugos de fruta envasados, la sopa comercial de tomate, la pizza, el kétchup (donde 1 cucharada puede tener el equivalente casi a un sobrecito de azúcar), como para mencionar algunos de los ejemplos que seguramente habrás quedado impactado ya que no se caracterizan por sabor demasiado dulce.

La industria emplea el azúcar en la elaboración de los productos alimenticios porque alarga la vida útil del producto, los hace más apetitosos y adictivos. ¿Puede ser el azúcar una droga? El azúcar genera adicción, al igual que el alcohol y el tabaco, pero es la única adicción que fomentamos (sin querer) desde los primeros años de vida. Por ello algunos ya la llaman “la droga del Siglo XXI” o “la droga de la infancia”. Cuando esta adicción se fomenta desde los primeros años el negocio se visualiza como millonario.

Y, así como en su momento las grasas fueron el centro de la lucha, ahora tenemos como protagonistas al azúcar, pero esa que se le añade a los productos alimenticios durante su elaboración (lo que en los libros recibe el nombre de “azúcar libre”). Veamos esta distinción: Por ejemplo si en mi casa como una naranja, voy a ingerir 18 g de azúcar pero si me tomo un vaso de jugo envasado la cantidad se eleva a 25 g. Para que no caigamos tentados a hacer una simple operación matemática, es oportuno mencionar que, por las características de cada alimento, el azúcar aportado por la fruta va a tener una mejor respuesta metabólica al ser consumida por la presencia de su fibra. Por el contrario, al consumir jugos envasados o hasta al hacer jugos a partir de frutas lo que estamos tomando es agua con azúcar cuyos efectos en el organismo son perjudiciales.

Y esta lucha tiene su origen en que hoy tenemos una dieta donde el azúcar es tan abundante “que molesta”. Y molesta a nuestro hígado, A los dientes, a nuestro corazón porque es un claro condicionante de la posibilidad de padecer diabetes, sobrepeso, obesidad, enfermedades cardiovasculares, síndrome metabólico, caries, entre otras. ¿Cuál es la recomendación de su consumo? 10 cucharadas para los adultos y 7,5 cucharadas para los niños.

Como la legislación vigente en nuestro país no establece la declaración obligatoria del azúcar presente en los productos envasados, la próxima vez que hagas las compras no te olvides, además de la bolsa, de memorizar los siguientes nombres para buscarlos en la lista de ingredientes (ya que el azúcar puede rotularse de diferentes formas y tiene larga lista de “secuaces”): miel, sacarosa, glucosa, maltosa, fructuosa, azúcar de maíz, dextrosa, malosa, jarabe de maíz de alta fructuosa (o JMAF), por mencionar algunos.

Pero como para graduarnos en “cazadores de azúcar” debemos hacer un curso de química, ir al supermercado con lupa y calculadora; es que solicitamos con urgencia que nuestro país revise el sistema de rotulación de alimentos y que la comunicación con el consumidor sea clara, veraz y simple.

Hay países que en esta línea ya adoptaron un sistema más amigable, como Chile, que ha implementado la utilización de mensajes de advertencia en el frente de los envases con la simple frase de “alto en azúcar” cuando se supera un determinado límite establecido por la regulación vigente.

Y es inevitable no lamentar que no haya prosperado la aplicación de políticas fiscales que graven las bebidas azucaradas como más de 30 países ya lo han implementado, ya que dentro de un entorno donde la lucha individual por los hábitos saludables es muy solitaria y frustrante, las políticas tienen mucho por favorecer.

Como reza la frase de un reconocido salubrista Alfred Sommer “es mucho más fácil evitar conductas de riesgo cuando todos lo hacen y cuando el ambiente no las promueve”.

(*)Licenciada en Nutrición. M. P. N° 169. Magister en Ciencias de la Salud y Coordinadora de la Licenciatura en Nutrición de la UCSF.