¡Porrrrrrfaaaaaa!

Publicado por: 24/09/2020 0 comments 66 views

Los chicos y adolescentes tienen la «virtud» de insistir cuando quieren algo. No cesan rápidamente ante un NO de sus padres. El problema es que, como padres, necesitamos mantenernos firmes en ese NO y sacarnos el saco de culpa de tanto nos pesa. El No de un padre o madre por un SI a la hora, dos horas o tres días se llama inconsistencia en la educación de los hijos.

Psp. Ma. Alejandra Canavesio (*)

«Entraron al negocio unos minutos después que yo. Si bien noté su presencia sin darme vuelta para verlos, no pasó mucho tiempo antes de escuchar:

– Daaaaaaaale, pá; dos paquetes nada más.

– Ya te dije que no, Juan.

– Pooooooooorfaaaaaa, pá… dos paquetes nada más- volvió a pedir el niño, dramatizando,aún más su tono de súplica.

– No, Juan- repitió el padre, aunque no con firmeza- Ya te compré el álbum y cuatro paquetes,

– Pero eso fue ayer. Ahora comprame dos más… Pooooooorfaaaaaaa, pá… pooooooooooorfaaaaaaaaa…- Esta vez, el tono llamó tanto mi atención, que giré mi cuerpo para verlo y, ante mi sorpresa, me topé con un corpulento niño (que debe haber rondado los 12 años), colgándose del brazo del padre mientras ensayaba ‘pucheros’.

– No, Juan- dijo el hombre, una vez más, pero sin endurecer el tono de voz.

– Daaaaaaaaaaaale, pá- casi llorisqueó- Poooorfaaaaaaaaaaaa…

– Ya te dije que no, Juan… Ahora tengo que comprar el pollo, después tenemos que ir al super, hay que comprar un postre para llevar a la casa de los abuelos y, encima, el lunes tengo que pagar la cuota de tu escuela y las expensas.

Haciendo caso omiso a lo que acaba de escuchar, el niño siguió insistiendo… ante varios revoleos de ojos y resoplidos de algunos de los presentes.

– Pooooooooooorfaaaa, pá… Dos paquetes nada más- insistió esta vez, dando dos fuertes sacudones al brazo de su padre que, sin siquiera mirarlo, por sostener la mirada en la mercadería que estaba eligiendo, acabó diciendo, con el mismo tono de voz que había tenido desde el principio:

– Está bien… Pero dos paquetes, nada más.

Automáticamente el niño se apartó del cuerpo del padre, se silenció… y la sonrisa que se le calzó en el rostro, hizo que una sensación de frío me recorriera la espalda».

Si algo hay que es complejo de implementar en la crianza de un hijo es decirle «NO», y no solamente decírselo sino, una vez dicho, poder sustentarlo. Cuando un padre no es capaz de sostener su palabra y la acomoda a su propia conveniencia, frente al hijo, se convierte en un padre inconsistente.

La inconsistencia en la educación de los hijos está bastante a la orden del día, en los últimos tiempos, y suele asentarse en el sentimiento de culpa de padres que están poco tiempo con sus hijos y que, por tanto, no quieren frustrarlos y temen que, si no les dan todos los gustos, los dejen de querer. La inconsistencia paterna y materna enseña a los niños que lo único que deben hacer, cuando piden algo y no lo obtienen de primera instancia, es seguir intentando porque, tarde o temprano, el «NO» se convertirá en «SÍ».

Cuando el hijo se sabe ante un padre inconsistente que, para colmo, suele estar cansado y/o distraído, presiona e insiste hasta obtener lo que quiere y, finalmente, queda posicionado como por sobre él, con aire triunfal por sentir que lo ha vencido.

Un padre inconsistente no solamente se hace no creíble ante el hijo, sino que le abre las puertas a la manipulación, la mentira, la irresponsabilidad y la falta de compromiso, perdiendo la autoridad de conseguir que sea capaz de manejarse en otros términos.

Una educación positiva se asienta en la confianza que implican la coherencia y la congruencia entre lo que se dice y lo que se hace, ante cualquier circunstancia y, si el deseo es construir hijos sólidos, no hay otro camino que no sea el que logremos por el interjuego entre la firmeza, la persistencia y la estabilidad que hacen a la consistencia.

(*) Psicopedagoga. MP. N° 279. L.I.F. 8.

La inconsistencia en la educación de los hijos está bastante a la orden del día, en los últimos tiempos, y suele asentarse en el sentimiento de culpa de padres que están poco tiempo con sus hijos y que, por tanto, no quieren frustrarlos y temen que, si no les dan todos los gustos, los dejen de querer. La inconsistencia paterna y materna enseña a los niños que lo único que deben hacer, cuando piden algo y no lo obtienen de primera instancia, es seguir intentando porque, tarde o temprano, el «NO» se convertirá en «SÍ».