Próxima parada: ¿el vacío?

Publicado por: 17/01/2020 0 comments 111 views

La agresividad es un instinto inherente al ser humano, que se relaciona con la autopreservación y la defensa, pero la violencia tiene que ver con la no contención de los impulsos y el uso de la agresividad con el propósito de hacer daño. Padres, ¡a prestar atención!


Psp. Ma. Alejandra Canavesio (*)

 

“—Las pelis más buenas son las de terror; esas donde matan a todos, se oyen gritos todo el tiempo y hay sangre por todos lados. (Diego. 7 años)

—Con las chicas miramos videos graciosos. Hay millones que muestran cómo las personas se caen en la calle y en la casa, que se equivocan y les salen mal las cosas. Hay algunos de chicos que lloran porque se pierden en alguna parte. Están buenísimos. Te morís de risa. (Sara. 8 años)

—à y si me pegan, les devuelvo. Para eso hago karate. Yo quiero aprender a pelear cada vez mejor, porque está buenísimo. A mí me encanta pegar. (Lara. 8 años)

—Mi papá dice que las chicas de ahora ya no son unas mariconas como en su época. Pelean mejor que los varones. Así que si alguna me dice ‘gordo’, la muelo a piñas. (Mauricio. 9 años)

—Para tener muchos ‘likes’ tenés que sacarte las fotos y grabarte en videos de canciones haciendo trompita y sacando la cola. Además esos son las que más les gustan a los chicos más grandes. (Noelia. 10 años)”.

Las evidencias señalan que, de a poco, hemos ido dando tal cabida a la violencia (en todos los órdenes), que le hemos permitido llegue al punto de habitarnos como sociedad y que, por tanto, sea quien dispare demasiadas de nuestras conductas. Esto es tan así, que no sólo nos vamos anestesiando como “humanos” sino que estamos perdiendo la sensibilidad ante el dolor y el sufrimiento ajeno, porque nos estamos volviendo violentos.

La agresividad es un instinto inherente al ser humano, que se relaciona con la autopreservación y la defensa, pero la violencia tiene que ver con la no contención de los impulsos y el uso de la agresividad con el propósito de hacer daño. Por lo tanto, con violentos y siendo violentos nos hundimos en una forma peligrosa de vivir… porque lo que se pone en juego, todo el tiempo, es justamente la vida.

Se justifica que niños y adolescentes destinen horas de su vida a “matar”, en juegos de pantallas, arguyendo que son juegos y en aparatos, sin abrir los ojos a la realidad de que de ese modo se entrenan a diario en la práctica de una violencia que luego aplican al juego y a situaciones de la vida cotidiana, con personas reales. Si bien la agresividad es natural, lo que hoy estamos naturalizando es la violencia.

Los modelos que estamos ofreciendo a nuestros hijos son modelos violentos… y, entonces, estamos construyendo niños violentos que, a partir de no aceptar equivocarse, no tolerar la frustración, no estar habituados a que se les pongan límites, no controlar los impulsos y no manejar convenientemente la expresión de sus emociones, no se conducen sino que explotan, tal y como explotan las bombas en los juegos que juegan.

Hoy para ellos lo “normal”, en un tiempo evolutivo en que son sumamente influenciables, es jugar juegos violentos; ver películas y videos con una sobredosis de efectos especiales, sonidos estruendosos, armas, y sangre; escuchar canciones con letras denigrantes; exponer su intimidad sin medir riesgos; y seguir personajes oportunistas, para quienes captar la atención de los más vulnerables resulta un verdadero banquete a la hora de usurpar su ingenuidad para sembrar una inmundicia que los llena de… vacío.

Si, como adultos responsables de las nuevas generaciones, seguimos permitiendo esto, pasaremos cada vez más fácilmente del berrinche a las conductas de riesgo… y ese vacío interior se trasladará a un vacío exterior, porque acabaremos exterminados entre nosotros.

Está en nuestras manos sucumbir, candidateándonos a desaparecer, o empezar a SEMBRAR VIDA, poniendo cada uno de nosotros las semillas con que contemos para hacer de este mundo el mejor lugar para seguir viviendo… con otros.

 

Los modelos que estamos ofreciendo a nuestros hijos son modelos violentos… y, entonces, estamos construyendo niños violentos que, a partir de no aceptar equivocarse, no tolerar la frustración, no estar habituados a que se les pongan límites, no controlar los impulsos y no manejar convenientemente la expresión de sus emociones, no se conducen sino que explotan, tal y como explotan las bombas en los juegos que juegan.