Diez mitos falsos sobre las vacunas

A nadie le gusta vacunarse; pero un simple pinchazo puede prevenir varias enfermedades graves y hasta mortales. Por eso es fundamental superar los temores y preconceptos, y ponerse al día con el calendario de inmunización, que incluye desde los recién nacidos hasta los ancianos.

Los mitos que hay que desterrar para alentar la medida preventiva de la vacunación son:

Las vacunas no son necesarias, debido a que con una buena higiene y servicios sanitarios adecuados las enfermedades pueden evitarse. FALSO. Las enfermedades contra las cuales se vacuna regresarán si se detienen los actuales programas de vacunación. Si bien una mejor higiene, el lavado de manos y el acceso al agua potable protegen de las enfermedades infecciosas, muchas infecciones pueden diseminarse sin importar cuan limpia sea una persona.

Las vacunas causan autismo. FALSO. Ninguna evidencia sugiere un vínculo entre la vacuna y el autismo. En 1998, un estudio suscitó preocupación en torno a un posible vínculo entre la vacuna contra las paperas, el sarampión y la rubéola, y el autismo. Pero luego se descubrió que el estudio era un error y la revista que lo publicó retiró el artículo. Desafortunadamente, la publicación inicial tuvo un impacto negativo sobre las tasas de vacunación, lo que dio lugar a sucesivos brotes de las enfermedades contenidas en la vacuna contra sarampión, rubéola y paperas.

Las vacunas no son útiles en las personas adultas. FALSO. Muchos piensan que las vacunas que han recibido siendo niños los protegerán para toda la vida, pero la inmunidad se desvanece con el tiempo y, además, con el paso de los años las personas se vuelven más susceptibles a muchas enfermedades (por ejemplo la gripe). Por otro lado, hay vacunas que no existían cuando muchos adultos eran niños.

La combinación de vacunas para difteria, tétanos y tos convulsa y la vacuna contra la poliomielitis pueden causar el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante. FALSO. No existe ningún vínculo causal entre la administración de vacunas y el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante.

No existe motivo para ser vacunado, ya que muchas de las enfermedades prevenibles a través de vacunas están prácticamente erradicadas. FALSO. Si bien las enfermedades prevenibles mediante vacunas se han vuelto infrecuentes en muchos países, los agentes infecciosos que las causan siguen circulando en algunas partes del planeta. Esos agentes pueden cruzar fronteras geográficas e infectar a toda persona que no se encuentra vacunada. Existen dos razones clave para vacunarse: protegerse uno mismo y proteger a las personas que nos rodean.

Darle a un niño varias vacunas a la vez puede incrementar el riesgo de que desarrolle efectos secundarios asociados a la vacuna, como resultado de una sobrecarga del sistema inmunológico. FALSO. Dar varias vacunas a la vez no tiene ningún efecto adverso sobre el sistema inmunológico de los niños. De hecho, los niños en su vida cotidiana están expuestos a cientos de sustancias que todos los días generan alguna respuesta del sistema inmunológico.

 

Es mejor desarrollar inmunidad contra las infecciones enfermándose que a través de las vacunas. FALSO. Las vacunas interactúan con el sistema inmunológico para generar una respuesta inmune similar a la que produce una infección natural. Pero con la diferencia de que no causan la enfermedad ni ponen a la persona en riesgo de desarrollar sus potenciales complicaciones. El querer ser inmunizado contrayendo naturalmente la infección puede tener graves consecuencias: desde defectos congénitos producto de la rubéola, cáncer hepático causado por el virus de la hepatitis B o incluso la muerte en el caso del sarampión.

Hay vacunas que contienen mercurio, lo que es peligroso para la salud. FALSO.  Algunas vacunas contienen timerosal, que es un compuesto orgánico que contiene mercurio, y que es utilizado como conservador. Sin embargo, no existe ninguna evidencia que sugiera que la cantidad de timerosal utilizado en las vacunas posea algún efecto nocivo para la salud.

La mayoría de las personas que enferman han sido vacunadas. FALSO. Ninguna vacuna es 100 % efectiva, pues siempre hay un pequeño porcentaje de personas vacunadas que, por razones individuales, no desarrollan inmunidad a pesar de la vacunación. Sin embargo, ese porcentaje es sólo de entre el 5 % y el 15 %.

Enfermedades como el sarampión, las paperas o la varicela son parte normal del crecimiento. FALSO. En todos estos casos se trata de enfermedades que pueden progresar hacia formas muy severas, que incluso pueden poner en peligro la vida de quienes las padecen.

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