Autismo: la importancia de descubrir al niño detrás de su diagnostico

El autismo es un trastorno neurobiológico complejo que dura toda la vida. Es parte de un grupo de trastornos conocidos como Trastornos del Espectro Autista (TEA). Un niño que tiene autismo, entre otras cosas, evita la mirada, tiene dificultad para manifestar sonrisa social y tiene preferencia por el juego solitario.

Melina Vanesa Abba (*)

Hoy en día, y cada vez más, la ciencia provee de numerosos avances principalmente en lo que respecta en el área de la infancia.

Desde el punto de vista del Autismo, hemos visto cambiar numerosos nombres, criterios diagnósticos, clasificaciones, los cuales han despejado dudas, han contribuido al establecimiento de criterios médicos nuevos y al esclarecimiento de trastornos y patologías de la infancia.

Esto ha ido acompañado a su vez, de nuevas perspectivas terapéuticas, de respuestas diversificadas, de un mayor desarrollo en torno a cómo debe ser la intervención eficaz para estos niños y sus familias.

Y en medio de ellos, también hemos visto familias y niños, buscando respuestas, por momentos desesperanzados con incertidumbres, por otros con alivio y certezas en su camino.

Por ello,  es importantes saber de qué hablamos cuando hablamos de autismo, a que nos referimos, cual es la realidad de esos niños, de sus hermanos y de sus padres.

El Manual Estadístico y Diagnostico de las Enfermedades  Mentales DSM V, que es el manual mediante el cual nos regimos a nivel mundial, incluye la categoría denominada Trastorno del Espectro Autista, en la cual está incluido lo que a hasta antes conocíamos como  Autismo  y Síndrome de Asperger (además  incluye el Trastorno Desintegrativo Infantil, Sindrome de Rett y el Trastorno Generalizado del Desarrollo).

Se trata de una nueva manera de llamarlo, para unificar a este grupo de trastornos, bajo un mismo nombre: TEA.

Ahora bien, en nuestro día a día, en la calle, en la escuela, en la plaza, al encontrarnos con un niño con TEA, nos referimos a que presentara dificultades: en la conexión visual temprana, en la sonrisa social ante los rostros conocidos, en la respuesta a su nombre, en el mostrar y compartir objetos de su interés, en el desarrollo del habla. Además la presencia de: berrinches desmedidos sin razón aparente, conductas repetitivas, como por ejemplo esos intereses persistentes por el mismo juego, o esa tenencia a mirar por largo tiempo determinados objetos como lavarropas, ventiladores. Dichas características, se presentaran en cada niño en forma distinta y singular, por lo cual un niño con TEA no será igual al otro.

Ahora bien estos avances en el diagnostico, nos enfrentan a un nuevo desafío desde el puto de vista terapéutico y es como abordar este amplio espectro, como elaborar un perfil individual de abordaje.

Lo primero de todo, será conocer que abordaje terapéutico será el más adecuado para ese niño con TEA, para sus características y necesidades.

Más allá del lineamiento terapéutico, es importante que el mismo se lleve a cabo en forma Interdisciplinaria, en equipo, y que se puedan sumar a los profesionales especialistas en TEA, las familias, y todo aquel que esté en contacto directo con el niño/a.

Por último, a fin de garantizar una terapéutica efectiva e integral, al tratarse de este amplio espectro,  será trabajo de cada equipo en conjunto con la familia, de elaborar el perfil individual, de ver mas allá de este diagnostico, y determinar cuáles son las fortalezas y debilidades, recursos e intereses, cuales son las necesidades familiares, y las exigencias del entorno en el cual el niño es participe. Es decir, descubrir al niño detrás de su diagnostico.

Debemos mirar mas allá del trastorno, mas allá de la dificultad, ya que solo así podremos comprender al niño y a su familia, solo así podremos ver que es lo que verdaderamente necesita, en que requiere de nuestros apoyos.

Recordemos siempre que se trata de un niño, con las mismas ganas de jugar, divertirse y ser feliz que cualquier otro.  ¡Que en este sea nuestro punto de partida!

(*) Lic. en Psicopedagogia. Directora de CICLOS,  Espacio Psicoterapeutico.

Señales de alerta en un niño con autismo

-Evita la mirada.

-Tiene dificultad para manifestar sonrisa social.

-No responde a su nombre.

-Tiene preferencia por el juego solitario y se le dificulta compartir actividades con otros niños o adultos.

-Prosodia inusual.

-Ejecuta movimientos repetitivos con objetos o con su propio cuerpo.

-Presenta alteración en su expresión oral.

-Tiene escasez de lenguaje gestual y expresión emocional.

-Manifiesta llantos o risas sin motivo aparente.


 

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