Soñar es saludable para el cerebro

Usted sueña todas las noches, pero solamente puede llegar a recordarlo si se despierta durante el sueño y puede pasar mucho tiempo sin que eso suceda. ¿Para qué soñamos? Las neurociencias son  una buena herramienta para responderlo.

Por el Dr. Hugo Valderrama (*)

¿Para qué soñamos?. El avance tecnológico y las neurociencias permiten profundizar cada vez más estas teorías:

1.  Para consolidar recuerdos y memorias.

2. También para olvidar: mientras soñamos el cerebro revisa todas las conexiones que le parecen inútiles e innecesarias y las desconecta. 

3. Para mantener el cerebro funcionando: la “teoría de activación continua” determina que el cerebro necesita mantenerse “encendido” todo el tiempo y soñar nos ayuda a hacerlo mientras dormimos.

4. Para anticiparnos: durante el sueño el cerebro puede simular situaciones infinitas, donde debemos interactuar y adelantarnos a planificar cómo responder a cada una de ellas. 

5. Para resolver conflictos psicológicos: durante los sueños los neurotransmisores del estrés disminuyen, incluso durante las pesadillas y eso lleva a algunos investigadores a teorizar que sirve para abordar experiencias traumáticas con otra capacidad.

6. Para tener perspectivas diferentes: sin las limitantes físicas de la realidad, las alternativas se suman de manera casi ilimitada, presentándose soluciones que quizás nunca elabore estando despierto.

Hay una tercera pregunta que puede parecer simple de responder, pero no se apresure… ¿Cómo sabe que no está soñando en este momento? Puede llegar a responder porque sus ojos están abiertos, pero en sus sueños también cree tenerlos abiertos, o porque está sintiendo frío, calor o tocando su smartphone, pero todas esas sensaciones y muchas más son igual de vividas en los sueños como en la realidad… tranquilo, hay dos formas de saber si está soñando.

Una de ellas es recordando cómo llegó a donde está en este momento o donde comió el domingo pasado al medio día. Cuando soñamos la red que regula la capacidad de marcar el tiempo se desactiva, por lo cual usted puede soñar que está parado en la punta del Monte Everest pero no se pregunta de dónde y cómo hizo para llegar ahí, sino que como un personaje en una película, comienza a bajar esquiando sin que eso le importe para nada.

La otra forma, más ambigua, es que si está despierto va a poder tomar decisiones. En vez de ponerse a esquiar, porque el sueño comenzó con los esquís puestos, puede decir no y llamar por teléfono para que lo rescaten. En las “películas” que genera su cerebro durante el sueño, la escenografía y el guión están montados y como si fuésemos actores bien pagados y sin memoria, no preguntamos nada, solo actuamos.

Pero pudo pasarle algunas veces, que sí se hizo esas preguntas mientras soñaba y de repente  tomó conciencia y se dijo a sí mismo “¡estoy soñando!”.  Cuando ello sucede se lo denomina “sueño lúcido” y es realmente apasionante, porque aunque sea por poco tiempo va a poder escribir el guión de su propia película. Si... puede volar si lo desea, inclusive es el sueño lúcido más común en las personas. Hay investigaciones que muestran las diferentes formas y frecuencias de volar en un sueño, algunos vuelan con los brazos extendidos al frente o a los costados, otros los baten como pájaros y otros pegan grandes saltos. Si tiene tiempo en el sueño lúcido, hasta podrá intentar interpretar por qué está soñando lo que está soñando. Y como si esto fuese poco, podrá recordar los sueños lúcidos sin dificultad siempre.

Quedan muchos  interrogantes por responder, pero ahora conozca algo más sobre lo que sucede durante ese tercio de su vida que dedica a dormir. De algo estamos seguros, dormir no es una pérdida de tiempo para su cerebro.

“Dormir no es una pérdida de tiempo para  el cerebro”.

(*) Neurólogo. Máster en Neurociencias.

 

 

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