Un 11 de septiembre distinto…

Publicado por: 21/09/2020 0 comments 56 views

Sé conmemoró el Día del Maestro. Pero ¿cómo es enseñar en tiempos de pandemia? ¿Tiene efectos en la salud del docente la virtualidad? Este 11 de septiembre vale la pena una reflexión. ¡Feliz Día para todos los maestros santafesinos! 

Mónica Ritacca

Hoy es el Día del Maestro. Todos los años, para esta fecha, no faltaba en ninguna escuela el acto formal para recordar a Domingo Faustino Sarmiento y homenajear a todos los docentes en su día. Pero este 2020 es completamente diferente a cualquiera que se haya vivido antes, o por lo menos en los últimos 100 años.

Este año no habrá actos por el Día del Maestro en ninguna institución educativa porque todas están cerradas. Hoy prima la salud y es necesario cuidarse y extremar las medidas de prevención.

Pero en el marco del día que se conmemora hoy viene bien una reflexión. ¿Cómo es ejercer la docencia en tiempos de pandemia? Al respecto vale una aclaración: es real que los tiempos cambiaron para todos y no son los maestros los únicos que pueden manifestar cansancio, estrés, agotamiento y una infinidad de cosas. También lo están sintiendo los padres, los alumnos… y ni hablar del personal de salud. Pero esta nota está enmarcada puntualmente en los docentes porque son quienes hoy conmemoran su día.

Viví Mejor recibió más de 20 testimonios de docentes santafesinos acerca de cómo están trabajando en pandemia y, sobre todo, cómo se sienten. Todos los testimonios tuvieron un denominador común: el agotamiento mental y físico y la imposibilidad de poder cortar «con lo escolar» en algún momento del día. Cuentan que todo el tiempo se reciben correos de padres y alumnos, llamados de directivos, y/o se están planificando contenidos, sumado a todo lo que es extraescolar como puede ser atender a hijos, que también están en edad escolar, o simplemente hacer las cosas del hogar. ¿Todo ésto pueden traer consecuencias en su salud? El psicólogo Matías Dalla Fontana brinda varias consideraciones a tener en cuenta.

-Estos tiempos de pandemia, donde prima la necesidad de quedarse en casa pero al mismo tiempo hay que trabajar, pueden desencadenar síndromes y trastornos asociados al estrés, como el burnout o la ansiedad?

-Desde una consideración integral del ser humano, es decir, una mirada realista que abarque las dimensiones antropológicas que lo componen (físico, mente, espíritu y en una perspectiva de su existir en comunidad) es cierto que una crisis se complementa con la historia individual y colectiva y en este sentido puede ser elemento desencadenante de sufrimientos, o bien desnudar sufrimientos estructurales preexistentes. En principio, cualquier situación que impida o inhiba, por ejemplo, el despliegue físico cotidiano de manera sostenida en un plazo de meses y suponga por añadidura una sujeción mayor a los medios tecnológicos, a la sobrecarga de embates de información, es pasible de erigirse en una situación ansiógena, trastocando el equilibrio siempre inestable, siempre signado por el conflicto, de la economía psíquica. Más allá de las variantes culturales o civilizatorias, el ser humano en su estructura antropológica como decíamos, requiere, para no enfermar, de sostener ciertas necesidades vinculadas al buen vivir: dormir, al nutrirse, al compartir, al moverse, al tener sueños compartidos e ideales trascendentes inclusive.

-¿La docencia, y ni hablar el personal de salud, es uno de los sectores que más pueden verse afectados con estos síndromes y trastornos en estos tiempos de covid-19? ¿Por qué?

-Porque son los que están en el frente de una batalla muy dolorosa, que es el lidiar vertiginosamente con lo más noble, lo más sensible y valioso que custodia una nación que se precie de tal: la niñez en formación y la vida de sus compatriotas. Y eso a la par de tener que resolver su propia «retaguardia ambiental» que es su propio hogar, signado por las mismas dificultades que transita cualquier familia.

Ambas, por su función social –trabajo y familia- se imbrican en el mejor de los casos con un sentido misional que es fundamental para poder enfrentar las mudanzas e inclemencias de dos tipos básicos: en el orden económico y de las condiciones de trabajo, por un lado. Y por otro lado, en el orden de la muy frecuente ausencia de reconocimiento simbólico por parte del conjunto de la sociedad del valor que tiene, para el movimiento virtuoso de una nación, defender a diario esos valores sustanciales: la formación de la vida que se despliega encarnada en la niñez y la adolescencia que es el alumnado, la formación más que en conocimientos, en una auténtica filiación identificatoria a un sentido de patria. Ambos órdenes de cosas se ven lisa y llanamente atacados cuando está muy presente una idea deformada, propia de la mentalidad liberal, de la educación como un servicio que se presta, que se compra y vende.

-¿Cuáles son las patologías que pueden surgir en estos momentos por la pandemia ?

-En realidad las estructuras clínicas se mantienen, con variantes o modalidades de manifestación del sufrir, de la producción de síntomas diversificados.

En principio lo que se registra en la clínica es una variación y un aumento en el padecer, lo que a causa quizás del aislamiento no se traduce propiamente en un aumento de consultas. De todos modos, para tomar una autoridad oficial, el Dir. Nacional de Salud Mental y Adicciones del Min. de Salud de la Nación ha declarado recientemente que «la pandemia tiene una gran escala y velocidad que pone en riesgo la capacidad del sistema para dar respuesta». En dicha oportunidad el funcionario expresó que considerando que el impacto de la pandemia superará ampliamente el momento agudo ya que se estima en el mediano y largo plazo un aumento de hasta el 30% de los trastornos mentales.»

-¿Cuáles son las señales que hay que saber escuchar que podrían estar indicando que algo nos pasa? ¿Cómo reconocerlas y qué hacer?

-En principio ser receptivos a las recomendaciones oficiales, focalizándose en las prevenciones indicadas por las voces reconocidas a tal fin y reduciendo la sobrecarga siempre nociva de información de redes y medios que siembran mayor conflicto y contenidos disonantes a la situación.

Sobre esta base, reconociendo los riesgos propios y específicos del virus (porque, en rigor, el virus es muy peligroso fundamentalmente para ciertas personas de riesgo que pueden ser parte de nuestro entorno) la situación puede ser de oportunidad, un tiempo de oportunidad para ver, apreciar y volver a poner sobre la mesa algo que podríamos convenir como aquellas «anormalidades» (si vale la expresión) que fueron naturalizadas en nuestra vida cotidiana antes de la aparición del virus en el plano mundial.

Centralmente caracterizaría tres: en primer lugar la fragmentación y dispersión del sistema social (esto es, una disposición y un deterioro tal de las instituciones en el cual es muy difícil para las mayorías el acceso a ámbitos saludables, esencialmente deportivos, culturales), segundo un creciente sedentarismo como pauta perniciosa de vida que desprende infinidades de trastornos directamente asociados; y, en tercer lugar, un creciente aislamiento propio de la vida posmoderna, heredera del criterio del «hombre lobo del hombre», solapado con una sensación de hiperconexión, de «democracia de redes», de amistades que no son integrales.

Me parece que este orden de encrucijadas irresueltas, ubica lo actual del cuerpo social y lo actual de esta pandemia como «cuerpo extraño» que bien puede aparecer con potencial traumático, pero que en una lectura más prudente en sentido histórico, con un discernimiento reflexivo no desgajado del curso general del vivir de un pueblo, en todo caso desnuda y permite identificar algunos de los elementos que inercialmente se propician en una cultura –cultura que no siempre los padeció- y que hacen la enfermedad. Des-oculta (los griegos hablaban de la aletheia como una operación de develamiento para que se manifieste la verdad) una globalización cuya matriz financiera (destruyendo empleo) y contracultural (sembrando falsas discusiones tal vez) hace unas décadas que no nos viene «solucionando» demasiado el vivir cotidiano.

Pero también, como contracara, en el «campo amigo»podríamos decir, habilita una toma de conciencia para nuestra respuesta más profunda al salir de la pandemia, para que las circunstancias no nos encuentren «a la vuelta de la esquina» reproduciendo aquel estado de situación previo a la circulación del virus.

¿Respuestas amigas al ser humano cuáles serían? Las esenciales. Aquellas simples y prácticas que nos hacen ser: acceso a clubes y lugares de encuentro de la comunidad; integralidad en el vivir (es decir, primeramente romper la pauta sedentaria; formación de comunidad real fomentando una democracia de participación directa, en el pago chico, en el barrio, en la vecinal, en el centro de jubilados, la cooperadora escolar, junto a los compañeros de trabajo, la comisión de padres del club, etc.

La voz de los maestros

«Desde que se declaró la Pandemia los días fueron cambiando. Mi casa no era mi ámbito de trabajo y tuve que ir encontrándolo. Eso me generó mucho cansancio, sumado a la preocupación por un virus desconocido y el miedo a enfermarnos. Ahora siento que estoy más organizada. Mis mañanas comienzan temprano, no tan temprano como en la presencialidad. Pero sí son muchas más las horas que estoy frente a una computadora. Es como que no hay un horario de cese escolar. Es tarde y estoy recibiendo llamados, consultas, mensajes, e-mails… Adaptarse a la virtualidad no fue un camino fácil porque nada reemplaza la presencia de quien enseña».

«Yo soy maestra de nivel inicial y tengo 3 hijos en edad escolar. Acá nos levantamos temprano, igual que siempre. Pese a la pandemia esa costumbre no cambió. Honestamente yo me siento muy cansada y exigida. También distinta a septiembre del año pasado, cuando para esta fecha estábamos haciendo flores para decorar el jardín. Yo no utilizo redes sociales. Me cuesta mucho eso de las plataformas. He llegado a llorar de hecho, porque la frustración es grande. Como dije también soy mamá de tres chicos en edad escolar, por lo que vivo todo esto de la pandemia como madre que recibe correos con tareas y los responde. Otra cosa que muchos no saben: los directivos permanentemente nos mandan videos, audios a cualquier hora. También los padres. Hasta el día de hoy yo no logro desenchufarme de mi escuela y la de mis hijos»

«Trabajo en una escuela privada. Soy profesional, no docente. Con respecto a Septiembre de 2019 me siento cansada. A pesar de estar en mi casa , de terner un sueldo fijo… el cansancio se siente. Mi esposo es autónomo y estuvo sin trabajar, cosa que debe ser tremenda para quienes son los dos autónomos. Este ritmo de trabajo es muy agotador porque estás 4 o 5 horas sin poder levantarte de la computadora. Y a a veces me siento un poco frustrada también porque mi trabajo es presencial. Me siento cansada por más que no tenga que salir de mi casa para ir a otro edificio. El año pasado, a esta altura, estábamos pensando en la semana del estudiante. Ahora estamos pensando en el pico del covid- 19. Es muy estresante mentalmente todo ésto. La tecnología, que es real que acerca no deja de ser impersonal».

«Soy docente y mamá de dos niños chiquitos. Con ellos me cuesta mucho sentarme a planificar las clases virtuales. Lo hago a la noche, cuando se durmieron, o bien temprano, cuando aún siguen durmiendo. Eso, obviamente, es agotador para mi porque me quita tiempo de descanso. Me siento cansada, estresada, agotada… Fuera de la pandemia, el docente esta en la escuela. Tiene un horario fijo. En su casa corrige y planifica. Pero ahora, en pandemia, a cada rato te están entrando correos, llamados. Por más que no quieras abrirlos, sabés que los tenés. Es imposible estar desconectado»

«Tengo 47 años y doy clases en el nivel inicial. También dos hijos. Uno en primaria y otro en secundaria. Mi marido trabaja en casa 8 horas. La verdad es que ahora todo gira en torno a mi escuela y a la de los chicos. Si lavo los platos y cocino, puedo estar recibiendo en mail o un llamado. La carga horaria se duplicó y hasta triplicó. Desde ya que me siento más exigida. Todos estamos así. Hacerse amigo de la virtualidad no fue ni es fácil. Agradezco tener una hija adolescente que me fue ayudando».