Y antes… ¿qué aprendieron?

Publicado por: 08/05/2020 0 comments 101 views

La pandemia que estamos atravesando obligó a acomodarnos de la mejor manera posible. Pero también a detenernos a evaluar qué tenían aprendido nuestros hijos previo a esta pandemia y que, de un modo u otro, viene determinando la manera en que están pudiendo atravesarla.


Psp. Ma. Alejandra Canavesio (*)

 

“Yo no pienso hacer lo que diga él; a mí no me manda nadie”. “Me voy a lavar las manos cuando tenga ganas; total, nadie me mira. ¿Cómo van a saber si me las lavé o no?” “Si estornudo, estornudo; a veces me olvido de taparme la boca. Y el que esté al lado mío, si no se quiere enfermar, entonces que se vaya a bañar”. “Yo hago lo que quiero, cuando quiero. Nadie me dice qué tengo que hacer. Yo ya soy grande”. “Lavarse las manos es re-fácil: cuando se te ensuciaron, te pones jabón, te enjuagás con agua y ya está”. “Quiero ir a la plaza hoy; estoy cansado de estar encerrado. ¡Yo no soy un preso! No me importa si no se puede; yo quiero salir ahora mismo”. “Ohhhhhhhh,¡¡¡estoy aburriiiiiidaaaaaaaa!!! ¡¡¡Ya no tengo más nada para hacer acá adentro!!!” “A los niños nos tienen que dejar hacer lo que queremos, porque somos niños”. “Esas masitas son asquerosas; comprame las de siempre; las que comen todos los chicos de rugby”. “A mí el barbijo me hace mal, porque no puedo respirar. Así que me lo cuelgo en el cuello y, si veo que viene la policía, me lo pongo”.

 

Estar transitando una pandemia es, sin lugar a duda alguna, algo extraordinario. Aislamiento social, cuarentena y distanciamiento físico son expresiones que hacen a realidades que, muy probablemente, jamás siquiera imaginamos nos veríamos en situación de experimentar. Quedarnos en casa, como la medida de prevención más eficaz, comenzó siendo toda una novedad a la que fuimos intentando acomodarnos, del mejor modo posible. Primero se nos habló de un lapso determinado que, al llegar a término, se extendió… y así sigue sucediendo, desde hace unos dos meses.
Durante este tiempo de convivencia hogareña obligatoria, cada familia ha ido viviendo un abanico bastante diverso de situaciones, que van desde el des-cubrirse como parientes, valorándolo y aprovechándolo al máximo, hasta reconocerse padres de esos hijos e hijos de esos padres, experimentando las más variadas sensaciones. En la cotidianeidad del común de los hogares, hoy, se respiran mucho más malestar y ofuscamiento que distensión y alegría. Muchos niños han pasado de desear estar enfermos, para dejar de ir a la escuela, a desesperar por regresar a las aulas y no tener que hacer más la cantidad de tareas que están teniendo que hacer, que es bastante más que la que hacen en tiempos de clases normales. Muchos padres han pasado de proponerse una coexistencia entretenida al malhumor, la exasperación y la intolerancia. Por tanto, a unos y a otros, está resultando cada vez más complicada una sana convivencia.

Si bien es importantísimo que aprovechemos este tiempo como posibilidad de aprendizaje, también es un momento propicio para detenernos a evaluar qué tenían aprendido nuestros hijos previo a esta pandemia y que, de un modo u otro, viene determinando la manera en que están pudiendo atravesarla. Los ejemplos de aquí, al principio, son señales de alarma respecto a la identificación de las figuras de autoridad; al cumplimiento de normas, reglas, disposiciones y normativas; al reconocimiento de la existencia del otro; al no poder hacer solamente lo que quieren y cuando lo quieren; a la incorporación de tempranos hábitos de higiene; a la práctica de la paciencia, la tolerancia, la capacidad de espera y la empatía como valores; al aprovechamiento del aburrimiento para despertar la creatividad; a la consideración de tener no sólo derechos sino también deberes; al sentido del ahorro y la economía; y a que la transgresión tiene sus consecuencias.

Toda experiencia de vida es invitación al aprendizaje y, mientras haya padres sensatamente posicionados en sus roles, tendremos niños y adolescentes con posibilidad de salir fortalecidos de esta circunstancia.
Seamos cuidadosos. Quedémonos en casa… y sigamos aprendiendo.

(*) Psicopedagoga.